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Joseph Oughourlian

Prisa reta a Moncloa: Pepa Bueno tiene pie y medio fuera de El País

Los temores de Pedro Sánchez se van cumpliendo y el Grupo ultima su giro editorial. Empezando por su diario de cabecera. Los últimos escándalos del Gobierno y del PSOE se van a contar...

Pepa Bueno, en Madrid en noviembre de 2023.

Pepa Bueno, en Madrid en noviembre de 2023.GTRES

David Lozano
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Joseph Oughourlian juega a dos bandas. Por un lado, se presenta como el empresario impasible, dueño de casi un tercio del Grupo Prisa. Por el otro, mueve los hilos de un juego estratégico que amenaza con volverse letal para Pedro Sánchez. En los pasillos de La Moncloa ya no se disimula el temor: el gigante mediático que durante años ha sido afín al PSOE podría estar virando. Y no precisamente hacia el centro.

Lo que parecía un simple reajuste interno ha tomado tintes de terremoto. El baile en la cúpula de Prisa, con Pilar Gil asumiendo el timón como nueva CEO, ha puesto en alerta máxima a Ferraz, tal y como publica el portal PRnoticias. La destitución de Montserrat Domínguez en la Cadena SER fue solo el primer aviso. Ahora, tal y como les anticipaba ESdiario hace varios meses, todos los focos vuelven a apuntar a Pepa Bueno. Su salida de la dirección de El País no solo está sobre la mesa, sino que muchos la dan por hecha. ¿El motivo? En la nueva Prisa no caben lealtades al Gobierno. Se busca otra cosa: moderación, independencia… o simplemente una distancia calculada que permita golpear donde más duele.

Y en este contexto, la agenda judicial acecha: el caso Koldo, los contratos bajo sospecha del ex ministro José Luis Ábalos y sus ‘sobrinas’, las conexiones y negocios de Begoña Gómez, el inaceptable enchufe y la apertura de juicio oral a David Sánchez, el omnipresente Santos Cerdán y ahora las escuchas a Leire Díez y los otros fontaneros de Ferraz y de La Moncloa. Material sensible, que hasta hace poco recibía un trato benévolo por parte de los medios del grupo. Pero eso puede cambiar. Y rápido.

Desde hace meses, Oughourlian exige 870 millones de euros por su parte del accionariado. Una cifra que los afines a Sánchez no pueden ni soñar con reunir. La oferta es simple: o pagas, o te arriesgas. Y eso es justo lo que está ocurriendo. El viraje editorial no es un rumor, es una amenaza latente. Un arma que se carga con titulares y se dispara en las portadas y tertulias de El País y la SER.

El Gobierno lo sabe. Por eso se aferra al frágil equilibrio actual. Cada nuevo nombramiento, cada cambio de dirección, es interpretado en clave política. Y aunque la sustitución de Domínguez por Fran Llorente —históricamente vinculado al PSOE— pareció dar un respiro, el patrón no cuadra. Las señales son contradictorias. Los nervios aumentan.

Porque Oughourlian no es un inversor al uso. No le interesa solo el dinero. Quiere influencia, poder de negociación. Y lo está consiguiendo. La partida ha comenzado y Sánchez es consciente de que un cambio de línea en Prisa sería un golpe demoledor, especialmente si se precipitan elecciones.

La incertidumbre ya no es solo empresarial. Es política. Es estratégica. Es casi personal.

Y mientras tanto, en los pasillos de Miguel Yuste, el silencio se vuelve denso. Como antesala de algo más grande. Algo que está por venir.

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