Sustitutos de Ángels Barceló: Aimar Bretos o un bombazo en las ondas
La salida de Pepa Bueno de El País, noticia que anticipaba hace unos meses ESdiario, es el primer recambio en la 'nueva era' del Grupo Prisa. Ahora toca la SER
Àngels Barceló y Pepa Bueno CADENA SER 05/6/2019
Lo que era un runrún se ha convertido en certeza: Àngels Barceló dejará la dirección y presentación de Hoy por Hoy, el buque insignia matinal de la Cadena SER, el próximo 30 de junio. Al menos, así lo confirman a ESdiario fuentes internas de la cadena, que dan por hecho su salida como parte de la reconfiguración que Joseph Oughourlian ha comenzado a ejecutar sin rodeos en el Grupo Prisa. La radio de la casa también sangra en esta purga silenciosa que busca amputar toda herencia del llamado “sanchismo mediático”.
Pero esto no es una caída aislada. Es un síntoma de algo mucho más profundo: una guerra interna feroz dentro de Prisa, donde los viejos vínculos entre política y periodismo han dejado de proteger a sus aliados. La destitución esta semana de Pepa Bueno como directora de El País es solo el último capítulo de una ofensiva quirúrgica que lleva meses en marcha. A la periodista se le atribuye una vinculación incómodamente estrecha con el Gobierno de Pedro Sánchez, una relación que el propio Oughourlian considera tóxica para la credibilidad del medio y disonante con sus objetivos empresariales.
El magnate franco-armenio, máximo accionista del grupo, ha decidido cortar el cordón umbilical que ataba a Prisa con La Moncloa. Y lo ha hecho con bisturí, no con maza: primero desplazó a Carlos Núñez como CEO de Prisa Media, luego a José Miguel Contreras, uno de los cerebros detrás del intento de crear La Séptima —el soñado canal de televisión sanchista, bautizado internamente como TelePedro. Ahora, el foco está sobre las figuras que, en su día, fueron estandartes del progresismo oficialista: primero Pepa, y en breve, Àngels.
‘Hoy por Hoy’: Bretos en la pole, Alsina como quimera
La pregunta inevitable es quién sustituirá a Barceló. En el entorno de la SER, los rumores apuntan con fuerza a Aimar Bretos, conductor de Hora 25 y perfil bien valorado por Pilar Gil, mano derecha de Oughourlian. Bretos tiene a su favor una buena conexión generacional con la audiencia, lealtad institucional y un estilo más pausado que el de Barceló, menos dado a editorializar desde el micrófono. En otras palabras: menos activismo, más oficio. Justo lo que exige la nueva hoja de ruta para mayor disgusto de Pedro Sánchez y La Moncloa, en plena descomposición.
Sin embargo, en los pasillos de la radio de Gran Vía también se murmura otra posibilidad más ambiciosa, casi onírica: Carlos Alsina. La actual directora general de la SER, Pilar Gil, ha soñado en más de una ocasión con ficharlo. Pero el sueño tropieza con la realidad: Alsina tiene contrato blindado con Onda Cero y una relación estable, tanto contractual como editorial, con un grupo, Atresmedia, que le ha dado libertad y confianza para consolidarse como uno de los comunicadores más solventes del país. Su fichaje sería una jugada maestra, pero a día de hoy, tremendamente improbable.
No obstante, el simple hecho de que su nombre haya salido en las quinielas deja entrever la magnitud del vacío que deja Barceló y la ambición con la que Oughourlian quiere reposicionar la Cadena SER en el tablero radiofónico. Pero Alsina se queda en Onda Cero.
Cambio de era
La salida de Barceló no es una cuestión de números ni de audiencias. Es un ajuste de poder. La matinal de la SER ha sido, durante años, una herramienta más en el engranaje del relato oficialista, y su tono editorial ha sido una prolongación del discurso gubernamental sanchista. Eso, en la nueva Prisa, ya no tiene cabida. Porque lo que está en juego no es una parrilla, sino la reconfiguración completa del ecosistema mediático progresista, donde lo “progre” ya no se compra por afinidad ideológica, sino por rentabilidad empresarial y neutralidad estratégica.
Y si en ese camino deben caer emblemas como Barceló o Pepa Bueno, caerán. Lo importante, para Oughourlian, es que el Grupo Prisa recupere influencia no desde el aplauso fácil del poder, sino desde la independencia. O al menos, desde una nueva clase de dependencia menos evidente y más transversal.
En todo caso, la vieja guardia del “periodismo de consigna” tiene las horas contadas. Y eso, en los pasillos de la SER, ya se sabe.