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Sarah Santaolalla se lleva un revolcón de la Policía por justificar las pulseras defectuosas
Los representantes de las fuerzas de seguridad como Jupol responden con dureza a la tertuliana sanchista tras intentar minimizar los fallos de los dispositivos fallidos contra la violencia machista, en pleno escándalo por su compra en portales asiáticos

Sarah Santaolalla, en una foto de archivo
La última intervención de Sarah Santaolalla en el programa En boca de todos de RTVE ha desatado una tormenta en la que los sindicatos policiales le dieron un revolcón a la colaboradora televisiva. La tertuliana, fiel al argumentario del equipo de opinión sincronizada, restó gravedad a los fallos de las pulseras antimaltrato defectuosas que dejaron desprotegidas a cientos de mujeres ante sus agresores.
Santaolalla afirmó sin titubeos: “Estas mujeres no están desprotegidas porque aunque la pulsera haya fallado o no haya fallado hay otros métodos que protegen a las víctimas de la violencia de género. Aquí hay una campaña contra las políticas de igualdad que lleva habiendo mucho tiempo”. Una frase que provocó indignación.
Los primeros en reaccionar fueron los sindicatos policiales, que conocen de primera mano lo que supone enfrentarse a casos de riesgo. El sindicato Jupol, mayoritario en la Policía Nacional, contestó de manera irónica: “Claro Sarah, claro… con un Policía de UFAM (n.d.r: Unidad de Familia y Mujer) protección con más de 150 víctimas a sus espaldas, como para poder darles protección y atención a todas”.
La crítica de Jupol se completó con un dardo directo al guion gubernamental: “Pídele a quien te haya facilitado el argumentario que pruebe con otra excusa, haz el favor”. Con ello, los agentes señalaban a la tertuliana como mera altavoz de Moncloa, incapaz de asumir la gravedad de la situación.
El sindicato UFP (Unión Federal de Policía) fue aún más contundente. En un extenso mensaje publicado en redes, dejó claro que “la pulsera es un elemento de seguridad fundamental que nos permite geolocalizar a los agresores”. Subrayaron que, si falla, “se elimina ese tiempo de respuesta que puede salvar la vida a una víctima”.
UFP recordó además que estos dispositivos no solo protegen de manera preventiva, sino que sirven como prueba judicial: “Se elimina un elemento probatorio de cara al proceso judicial que aporta info crucial sobre quebrantamientos, reincidencia y peligrosidad”. Y remataron con un símil: “Sal a conducir tranquilo… al coche no le funcionan los frenos, pero el freno de mano va genial”.
La reacción de los sindicatos evidencia un hecho que Santaolalla trató de esquivar: los fallos de las pulseras suponen un peligro real. El escándalo, destapado tras conocerse que fueron adquiridas en portales como AliExpress, debería haber derivado ya en responsabilidades políticas de primer nivel, comenzando por los ministros de Igualdad, Interior y Justicia.
Mientras tanto, el discurso oficialista intenta minimizar daños hablando de “otros recursos” o de una “campaña contra la igualdad”. Sin embargo, la respuesta de los profesionales en primera línea deja poco margen a la propaganda: las víctimas quedaron sin protección por culpa de una gestión negligente del Gobierno.