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La surrealista defensa de Intxaurrondo al Fiscal General: “¿Quién desmentirá a El Mundo sin acabar en el banquillo?”

La última reflexión de Silvia Intxaurrondo en La Hora de La 1 —“¿Quién desmentirá un bulo de El Mundo sin acabar en el banquillo?”— ha desatado un aluvión de críticas en redes y ha reavivado el debate sobre el papel de RTVE, justo tras la condena del Supremo al fiscal García Ortiz por revelar datos reservados. Una pregunta que, según sus detractores, suena más a lamento partidista que a análisis periodístico.

Silvia Intxaurrondo, en 'La hora de la 1'.

Silvia Intxaurrondo, en 'La hora de la 1'.

Luis Sordo
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En los pasillos de Prado del Rey, donde RTVE vuelve a ser señalada por la oposición como portavoz oficioso del Gobierno, la presentadora Silvia Intxaurrondo ha reabierto la polémica con una pregunta que ha incendiado tertulias y redes:

“¿Va a haber alguien que salga a desmentir un bulo de El Mundo sin acabar en los tribunales?”Silvia Intxaurrondo

La frase, pronunciada en La Hora de La 1, llega tras la sentencia del Tribunal Supremo que condena a dos años de inhabilitación al fiscal general Álvaro García Ortiz por la revelación de datos reservados en una nota oficial. Para buena parte de la opinión pública crítica con el Gobierno —y para numerosos juristas citados por medios como Esdiario— la reacción de Intxaurrondo representa algo más que una reflexión profesional: un gesto defensivo hacia una estructura mediática y política afín al sanchismo, según sus detractores.

La coartada del “bulo” y la batalla por el relato

La controversia gira en torno a la secuencia de hechos: la publicación por El Mundo de una información atribuida a Miguel Ángel Rodríguez, y la posterior respuesta de la Fiscalía. Intxaurrondo plantea que, si la institución no puede contradecir una noticia falsa sin arriesgarse a ser juzgada, se erosiona su función pública.

Las voces críticas replican que “desmentir no es sinónimo de divulgar secretos”, y que la sentencia no cuestiona la posibilidad de rectificar informaciones, sino el modo en que se hizo en este caso.

Redes en llamas: del reproche al sarcasmo

X ha estallado con miles de comentarios. Mensajes como “Puedes desmentir, pero sin delinquir” o “La cuestión no es el bulo, sino la filtración” se han repetido entre usuarios que acusan a la presentadora de “victimismo partidista”. Otros, en cambio, ven en Intxaurrondo una periodista acosada por sectores mediáticos conservadores.

El episodio revive debates anteriores en los que la presentadora se ha visto envuelta, como sus enfrentamientos en directo con portavoces del PP o su litigio con El Mundo por informaciones sobre su retribución en RTVE. Para sus seguidores, una profesional firme frente a la desinformación; para sus detractores, un símbolo del sesgo mediático.

RTVE en el punto de mira

La cuestión de fondo vuelve a ser el papel de RTVE. Críticos con la cadena pública interpretan intervenciones como la de Intxaurrondo como pruebas de un alineamiento persistente con el Gobierno. Sus defensores contraargumentan que la hostilidad hacia la periodista nace precisamente de su independencia y de su dureza con dirigentes de cualquier partido.

La pregunta que queda en el aire

El interrogante de Intxaurrondo —quién podrá desmentir un bulo sin temor a repercusiones judiciales— ha terminado abriendo otro debate:

¿Quién vigila el equilibrio entre transparencia institucional, libertad de prensa y responsabilidad penal?

La sentencia ya ha fijado su criterio.

La opinión pública, dividida, sigue discutiéndolo.

Y RTVE, una vez más, queda atrapada entre la crítica, la sospecha y el eterno dilema de su neutralidad.

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