ESdiario

El nuevo programa de José Pablo López fracasa en solo un mes y TVE lo esconde

El concurso se estrenó en marzo y ahora en abril va a desaparecer de la parrilla tras registrar audiencias tan ridículas como el 1’1%

El presidente de RTVE, José Pablo López Sánchez, este mes de marzo.

El presidente de RTVE, José Pablo López Sánchez, este mes de marzo.Europa Press

David Lozano
Publicado por

Creado:

Actualizado:

En:

Hay algo casi estructural en la manera en la que RTVE gestiona sus fracasos: no los reconoce, los acelera. No los cancela, los disuelve. Y en ese patrón, cada vez más evidente desde la llegada de José Pablo López, encaja con precisión el caso de Captcha: no soy un robot, el concurso que aspiraba a ser una apuesta innovadora y que ha terminado convertido en otro ejemplo de desgaste silencioso.

Porque lo que ha ocurrido con el formato presentado por Rodrigo Vázquez no es tanto una cancelación como una maniobra. Una de esas decisiones que no se anuncian en rueda de prensa ni se explican en términos editoriales, pero que se ejecutan con eficacia administrativa: quemar los programas lo antes posible para hacerlos desaparecer sin ruido.

La fórmula es sencilla y, sobre todo, cara para TVE, es decir para todos nosotros. Cuando un programa no funciona, la televisión pública no siempre opta por retirarlo de inmediato —eso implicaría reconocer el error—, sino por acelerar su emisión, concentrar entregas, comprimir su presencia en parrilla y liquidarlo en tiempo récord. Es una estrategia que permite liberar hueco para nuevos proyectos, sí, pero que también deja una pregunta incómoda en el aire: ¿cuánto cuesta esconder un fracaso?

En el caso de Captcha, el contraste entre la ambición inicial y el desenlace resulta especialmente llamativo. El programa nació como una propuesta “transmedia”, con vocación de conectar televisión, entorno digital y cultura de internet, trasladando al plató la lógica de los test que verifican si un usuario es humano. Había concepto, había narrativa y había inversión. Lo que no ha habido es recorrido.

Y ahí es donde el problema deja de ser puntual para convertirse en tendencia. Porque no es la primera vez que ocurre. La historia reciente de RTVE está salpicada de formatos que llegan con etiqueta de gran apuesta y desaparecen en cuestión de semanas, como ocurrió con La pirámide, retirado tras apenas un mes por sus bajos resultados pese a tener episodios ya grabados. No es una excepción: es un patrón.

El modelo que se está consolidando tiene algo de huida hacia adelante. Se invierte en nuevos formatos, se lanza la maquinaria promocional, se ocupa espacio en parrilla… y cuando la respuesta no acompaña, se acelera el final y se pasa página. Lo preocupante no es solo el coste económico de ese proceso, sino la falta de aprendizaje que deja detrás. Porque repetir la misma dinámica una y otra vez no es estrategia: es inercia.

José Pablo López gestiona con una fórmula basada en el ensayo continuo, pero también en el desgaste constante. La renovación de La 2 como canal con aspiraciones más generalistas ha traído consigo una cascada de proyectos, algunos con cierto recorrido, otros directamente efímeros. El problema es cuando el volumen de intentos fallidos empieza a eclipsar cualquier éxito puntual.

Porque al final, lo que queda no es solo la cancelación de un programa. Es la sensación de que RTVE se ha convertido en una máquina de producir formatos que nacen con fecha de caducidad implícita. Programas que fracasan, sin audiencia y que, cuando evidencian su debilidad, son retirados a escondidas.

Y en ese proceso, la aceleración de emisiones funciona como una cortina de humo. Una manera de cerrar etapas sin hacer ruido, de evitar titulares incómodos.

tracking