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La EFE de Miguel Ángel Oliver: ruina, bonus millonarios, desprestigio y manipulación

La agencia de noticias pasa por su peor momento y la dirección saca pecho con unos argumentos que han puesto en pie de guerra a sindicatos y trabajadores

El presidente de EFE, Miguel Ángel Oliver con la portavoz de Bildu Mertxe Aizpurua.

El presidente de EFE, Miguel Ángel Oliver con la portavoz de Bildu Mertxe Aizpurua.Europa Press

David Lozano
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Hay frases que, por sí solas, resumen una época. Y en la Agencia EFE, la que ha pronunciado su dirección —“estamos más endeudados, pero mejor que nunca”— no es solo una declaración de intenciones: es casi un retrato involuntario de la deriva que atraviesa el principal servicio público informativo del país.

Porque lo que describen los datos internos no admite demasiadas lecturas optimistas. Endeudamiento creciente, previsión de seguir aumentando esa deuda en los próximos meses y una desconexión cada vez más evidente entre quienes gestionan la empresa y quienes la sostienen en el día a día. El Sindicato Independiente de la Agencia EFE lo resume sin rodeos: “hay un divorcio total entre la representación social y la dirección”. No es una metáfora. Es un diagnóstico.

La situación resulta aún más difícil de entender cuando se observa el contexto político en el que se ha producido este deterioro. Desde que Miguel Ángel Oliver —ex secretario de Estado de Comunicación de Pedro Sánchez— asumió responsabilidades en la agencia, la percepción interna y externa de EFE no ha dejado de erosionarse. No se trata únicamente de números rojos o de decisiones empresariales discutibles; se trata de credibilidad, de prestigio y de la sensación creciente de que la agencia ha entrado en una pendiente descendente difícil de revertir.

Los sindicatos hablan de “resultados terribles”. La dirección, en cambio, los presenta como un escenario manejable, incluso positivo. Esa dualidad no sería especialmente llamativa en una empresa privada acostumbrada a discursos corporativos optimistas, pero sí lo es en una agencia pública cuya legitimidad depende, en gran medida, de la confianza. Y la confianza, a diferencia de la deuda, no se puede refinanciar.

En medio de este escenario aparece otro elemento que agrava la percepción de desconexión: el reparto de cerca de 700.000 euros en bonus entre medio centenar de directivos. Los llamados DPPO —dividendos por objetivos— se conceden, según la propia dirección, en función de metas internas que pueden incluir algo tan difuso como que un resultado “desastroso” acabe siendo “menos desastroso” de lo previsto. El problema no es solo la opacidad de esos objetivos, sino el contraste con una plantilla que sigue sosteniendo la producción informativa en condiciones cada vez más exigentes.

Porque, según denuncia el sindicato, esos objetivos los cumplen en la práctica los trabajadores, pero los incentivos los perciben otros. Incluso cuando la empresa acumula pérdidas. Incluso cuando la deuda sigue creciendo. Es una lógica difícil de defender fuera de los despachos en los que se decide.

A ello se suma una estructura directiva que muchos dentro de la casa consideran sobredimensionada: 26 directores para una empresa que atraviesa una situación económica delicada. La cifra, en sí misma, podría no ser problemática si viniera acompañada de resultados sólidos. Pero en el contexto actual, se convierte en otro argumento que alimenta la sensación de desajuste entre la gestión y la realidad.

La reciente presentación telemática de la nueva directora de Estrategia ha contribuido a reforzar esa percepción. Una convocatoria breve, sin posibilidad de preguntas y, en consecuencia, sin respuestas. Un formato que, más que aclarar dudas, parece diseñado para evitarlas. Y en una organización informativa, donde preguntar es casi un principio fundacional, ese detalle no es menor.

Mientras tanto, desde Moncloa se guarda silencio. Un silencio que contrasta con la relevancia estratégica de EFE como herramienta de proyección informativa del Estado. Porque lo que está en juego no es solo la viabilidad económica de la agencia, sino su papel como referencia periodística internacional.

El Sindicato Independiente de EFE insiste en que seguirá trabajando “por el bien de EFE”, reclamando responsabilidad en la gestión y respeto hacia una plantilla que, pese a todo, mantiene en pie el servicio. También plantea medidas concretas, como el aumento del teletrabajo en un contexto de costes crecientes derivados de la situación internacional. 

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