ESdiario

La guerra en la SER sube otro escalón: rumor de un impactante despido

La radio de Prisa vive horas convulsas. Algunas estrellas de la cadena ponen en tela de juicio la gestión de un importante directivo. ¿Será más fácil despedir a uno que a algunas de las voces más reconocidas?

Estudios de la Cadena SER.

Estudios de la Cadena SER.ESDIARIO

David Lozano
Publicado por

Creado:

Actualizado:

En la Cadena SER ya casi nadie habla abiertamente de guerra interna. Pero el silencio, en ocasiones, resulta mucho más revelador que cualquier declaración oficial. Y eso es exactamente lo que empieza a suceder en los pasillos de Gran Vía 32, donde el nombre de Fran Llorente se ha convertido en el epicentro de una tensión creciente que amenaza con alterar el delicado equilibrio de poder dentro del principal grupo radiofónico de España.

Porque algo, tal y como les venimos contando al detalle en ESdiario, se está moviendo dentro del Grupo Prisa. Y muy rápido.

Los rumores sobre una posible salida de Fran Llorente ya no son simples conversaciones de redacción ni filtraciones aisladas. Han alcanzado un nivel de intensidad que empieza a preocupar seriamente a la dirección del grupo. Según ha publicado ahora el portal PRNoticias, el malestar interno alrededor del actual director de contenidos de la SER ha ido creciendo en las últimas semanas hasta convertirse en uno de los principales focos de inestabilidad dentro de la emisora.

Y lo más significativo no es únicamente el desgaste de Llorente. Es quiénes empiezan a posicionarse. Dentro de la SER, varias voces históricas de la cadena consideran que el modelo impulsado por el ex directivo de RTVE está alterando la cultura tradicional de la emisora. El término que más se repite en privado es “intervencionismo”. Algunos comunicadores consideran que la actual dirección editorial ha endurecido el control sobre contenidos, enfoques y líneas narrativas en un momento especialmente sensible para el grupo.

La situación ha escalado hasta tal punto que, según distintas informaciones del sector, figuras de enorme peso dentro de la radio ya habrían trasladado directamente su incomodidad a la cúpula de Prisa. Y eso cambia completamente el tablero. Porque cuando las estrellas empiezan a moverse, el problema deja de ser editorial y pasa a convertirse en estructural.

El gran problema de Fran Llorente es que nunca terminó de integrarse plenamente en el ecosistema histórico de la SER.

Su llegada fue interpretada desde el primer momento como una apuesta personal de Joseph Oughourlian para pilotar una transformación profunda del grupo hacia un modelo más audiovisual, más transversal y políticamente más centrado. Un movimiento estratégico que buscaba modernizar la marca SER y ampliar su capacidad de influencia fuera de la radio tradicional.

Pero esa operación ha generado resistencias enormes.

La SER siempre ha funcionado como un ecosistema muy particular: una mezcla de liderazgo periodístico, identidad ideológica reconocible y fuertes personalidades internas acostumbradas a conservar cuotas importantes de autonomía. Alterar ese equilibrio nunca resulta sencillo. Mucho menos cuando la audiencia empieza a detectar ciertos cambios de tono.

Y ahí aparece otra de las claves del conflicto: el supuesto “giro al centro” impulsado por Oughourlian.

Ese movimiento, del que ya se habla abiertamente en algunos medios especializados, habría provocado importantes tensiones con sectores históricos de la emisora que consideran que la SER corre el riesgo de diluir parte de su ADN editorial tradicional. La incomodidad no sería únicamente empresarial; también profundamente ideológica.

En ese contexto, Fran Llorente ha quedado atrapado en una posición extremadamente delicada.

Porque para una parte de la plantilla representa la cara visible de esa nueva estrategia. Y porque además arrastra un elemento adicional que complica todavía más su situación: su pasado.

Durante años, Llorente fue identificado como uno de los perfiles mediáticos más próximos al universo progresista surgido alrededor del zapaterismo y posteriormente conectado con determinados sectores afines al Gobierno. Sin embargo, su alineamiento actual con la dirección de Oughourlian ha provocado que algunos antiguos aliados lo consideren ahora una figura “amortizada” o incluso “traidora” dentro de determinadas familias mediáticas próximas a la izquierda.

El resultado es explosivo: críticas internas, pérdida de apoyos históricos y una creciente sensación de desgaste en la cúpula de la SER.

Y aunque oficialmente nadie confirma movimientos inmediatos, el simple hecho de que el debate sobre su continuidad ya circule con tanta intensidad dentro de Prisa resulta enormemente significativo. 

Además, los últimos datos del EGM tampoco han ayudado a calmar el ambiente. Aunque la SER mantiene el liderazgo de la radio española, dentro de la compañía existe preocupación por síntomas de desgaste.

tracking