El peligro desconocido de beber mucha agua de golpe: por qué puede acabar en una emergencia médica
Los médicos advierten sobre la hiponatremia, la alteración grave en la sangre provocada por un exceso brusco de hidratación

En verano aumenta el consumo de agua, algo tan necesario como contraproducente si se hace en exceso
La hidratación es necesaria, pero tomar demasiada agua de golpe puede alterar el equilibrio del organismo y provocar una emergencia sanitaria severa. Diluir el sodio en sangre por un consumo masivo de agua puede poner en riesgo la salud y desencadenar hiponatremia, una alteración que afecta sobre todo al cerebro y que, en casos graves, puede poner en riesgo la vida.
Qué ocurre en el organismo cuando bebemos más agua de la cuenta
El cuerpo necesita agua para regular la temperatura, transportar nutrientes y mantener en marcha funciones básicas, pero los riñones tienen un límite para eliminarla. Cuando una persona bebe grandes cantidades en muy poco tiempo, ese exceso puede superar la capacidad de excreción y rebajar de forma peligrosa la concentración de sodio en la sangre.
Esa bajada de sodio hace que el agua entre en las células, que se hinchan; en el cerebro, esa hinchazón puede convertirse en un problema serio por el espacio reducido dentro del cráneo.
Los primeros síntomas suelen confundirse con un malestar leve: náuseas, vómitos, dolor de cabeza, cansancio, mareo o debilidad. Si la situación avanza, pueden aparecer confusión, irritabilidad, somnolencia, calambres, convulsiones e incluso pérdida de conocimiento. Por eso, la velocidad de la ingesta importa tanto como la cantidad total: beber mucho en poco tiempo eleva el riesgo de sobrehidratación.
Cuándo aumenta el riesgo
La sobrehidratación es poco frecuente, pero hay contextos en los que el peligro crece. Uno de ellos es el ejercicio prolongado, especialmente si se bebe agua de forma continua sin reponer sales minerales cuando el esfuerzo y el sudor son intensos. En esas circunstancias, el problema no es solo perder líquidos, sino diluir más la sangre con una reposición excesiva de agua.
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También pueden verse afectados quienes tienen ciertas condiciones médicas o toman medicamentos que alteran el equilibrio de líquidos y sodio, así como personas mayores, en las que la regulación hídrica puede ser menos eficiente.
En términos clínicos, la hiponatremia se define como una concentración sérica de sodio inferior a 135 mmol/L, y es uno de los trastornos electrolíticos más frecuentes en la práctica médica. No todas las hiponatremias se deben a beber agua en exceso, pero cuando la causa es una ingesta demasiado rápida, el cuadro puede evolucionar con rapidez.
Cómo prevenirlo
La forma más segura de hidratarse es repartir el agua a lo largo del día y atender a la sed, sin forzar el consumo como si más siempre fuera mejor. En actividades físicas largas o con calor, conviene adaptar la ingesta al esfuerzo real y, si procede, incorporar bebidas con electrolitos en lugar de agua sola. La cantidad ideal no es igual para todo el mundo: depende de la edad, el peso, la salud, el nivel de actividad y el entorno.
Hay una señal sencilla que no debe ignorarse: si beber agua empieza a provocar náuseas, hinchazón, malestar o confusión, conviene dejar de hacerlo y buscar ayuda médica si los síntomas son intensos. La recomendación general no es beber menos, sino beber con criterio. En materia de hidratación, el exceso también puede convertirse en un problema.
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