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Farmacéutico Fernández revela por qué algunas personas se activan de noche: "Ahí es cuando de verdad notan la felicidad"

Álvaro Fernández, conocido como Farmacéutico Fernández, explica cómo el cronotipo condiciona las horas en las que sentimos sueño, energía y mayor claridad mental, aunque ser nocturno no significa necesariamente estar enfermo

Las personas con cronotipo nocturno suelen sentirse más activas al final del día, cuando su reloj biológico favorece un mayor nivel de energía y alerta.

Las personas con cronotipo nocturno suelen sentirse más activas al final del día, cuando su reloj biológico favorece un mayor nivel de energía y alerta.Unsplash

Patricia de la Torre
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Hay personas que abren los ojos a las siete de la mañana y parecen preparadas para resolver el mundo antes incluso del primer café. Otras necesitan varias horas para sentirse plenamente despiertas y alcanzan su mejor momento cuando cae la noche. No es solo una cuestión de costumbre, disciplina o fuerza de voluntad. El farmacéutico y divulgador Álvaro Fernández, conocido en redes sociales como Farmacéutico Fernández, lo resume de forma directa: "Que seas una u otra persona depende de tu reloj biológico".

En uno de sus vídeos, el creador de contenido plantea una pregunta con la que resulta fácil identificarse: ¿está realmente el mundo dividido entre personas diurnas y nocturnas? La ciencia no dibuja dos grupos completamente cerrados, pero sí reconoce diferentes cronotipos. Algunas personas muestran una preferencia clara por acostarse y levantarse temprano, otras tienden a retrasar ambos momentos y muchas se sitúan en una posición intermedia.

"El reloj biológico es el que te dice cuándo estar cansado y cuándo dormir", señala Álvaro Fernández. Esa explicación coloquial se acerca bastante al funcionamiento de los ritmos circadianos, ciclos internos de aproximadamente 24 horas que participan en la regulación del sueño, el estado de alerta, la temperatura corporal, la liberación hormonal y otros procesos fisiológicos.

Estos ritmos responden especialmente a la luz y la oscuridad. La luz de la mañana ayuda a sincronizar el organismo con el día, mientras que la oscuridad favorece las señales biológicas relacionadas con el descanso. El cronotipo expresa en qué momento tiende cada persona a sentirse más despierta o más somnolienta dentro de ese ciclo.

Las personas matutinas suelen despertarse con mayor facilidad temprano y alcanzar antes su máximo nivel de energía. También acostumbran a sentir sueño antes por la noche. Las personas vespertinas, en cambio, pueden experimentar más somnolencia durante las primeras horas del día y mayor activación al final de la tarde o durante la noche.

Fernández lo describe con humor: los noctámbulos "para madrugar lo pasan fatal" y, sin embargo, "entre las diez y las doce de la noche están a tope".

Farmacéutico Fernández y el verdadero problema de las personas nocturnas

La afirmación más llamativa del vídeo llega cuando el farmacéutico asegura que "el reloj social está adaptado a las personas diurnas" y que, por ese motivo, "las personas nocturnas se enferman con más facilidad".

Ser nocturno no constituye por sí mismo una enfermedad. El problema puede aparecer cuando el horario natural de una persona choca de forma constante con las obligaciones laborales, escolares o familiares. Alguien que se dormiría espontáneamente a la una o las dos de la madrugada puede verse obligado a levantarse a las seis, acumulando falta de sueño durante la semana y tratando de compensarla durante el fin de semana.

A esa diferencia entre el horario biológico y el social se la conoce como desfase horario social o social jetlag. La evidencia lo relaciona con peor calidad del sueño y con determinados factores de riesgo metabólico, aunque no permite afirmar que el cronotipo nocturno sea la causa única y directa de una enfermedad.

Una revisión científica encontró que el cronotipo vespertino se asociaba con un perfil cardiometabólico menos favorable y con mayor presencia de diabetes, depresión y otros problemas de salud. Sin embargo, los autores subrayaron que hacen falta más estudios para comprender cuánto depende del reloj biológico y cuánto de hábitos asociados, como dormir menos, hacer menos ejercicio, fumar, cenar tarde o mantener horarios irregulares.

Farmacéutico Fernández aclara que ser nocturno no es lo mismo que tener insomnio

Preferir acostarse tarde no equivale necesariamente a padecer insomnio. Una persona nocturna puede dormir con normalidad y sentirse descansada cuando dispone de libertad para acostarse y levantarse según su horario natural. El insomnio, en cambio, implica dificultad persistente para iniciar o mantener el sueño, despertarse antes de lo deseado o descansar mal pese a tener la oportunidad de dormir.

Tampoco debe confundirse automáticamente el cronotipo vespertino con un trastorno de fase retrasada del sueño. Este aparece cuando el horario está desplazado de manera tan marcada que dificulta seriamente acudir al trabajo, estudiar o mantener la vida cotidiana. En esos casos puede ser necesaria una valoración profesional.

No siempre es posible cambiar el trabajo o retrasar la hora de entrada, pero sí se puede reducir parte del choque entre el reloj interno y la agenda. Mantener horarios relativamente regulares, exponerse a luz natural durante la mañana, disminuir la iluminación intensa al final del día y evitar grandes cambios entre semana y fin de semana puede favorecer una mejor sincronización.

La regularidad importa tanto como la cantidad total de sueño. Estudios recientes han asociado horarios más estables con mejor salud mental, independientemente de que una persona sea más matutina o más vespertina. De nuevo, se trata de asociaciones y no de garantías individuales, pero respaldan la recomendación de evitar un calendario completamente distinto cada día.

La sociedad suele asociar levantarse temprano con productividad y acostarse tarde con desorden. Sin embargo, una persona no es más responsable por despertarse al amanecer ni menos disciplinada por rendir mejor por la noche. El rendimiento también depende de cuánto se ha dormido, de la calidad del descanso y de si la tarea coincide con el momento de mayor alerta individual.

Las investigaciones distinguen, además, un cronotipo intermedio, que probablemente representa a una parte importante de la población. No todo el mundo encaja en el estereotipo de "alondra" o "búho", y el cronotipo puede cambiar con la edad. Los adolescentes tienden a retrasar sus horarios, mientras que muchas personas se vuelven más matutinas con el paso de los años.

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