La noche madrileña pierde sus iconos: qué pasa con Opium, Oh My Club, Pachá, Joy y Fortuny
Cinco nombres que marcaron el mapa nocturno de Madrid han cerrado, cambiado de manos o quedado fuera de juego mientras nuevos clubes, grandes grupos empresariales y el auge del tardeo transforman la capital

Pachá, Joy, Opium, Oh My, Fortuny... Las discotecas tradicionales se apagan
Hubo un tiempo en Madrid en el que no hacía falta explicar dónde estaba Pachá, qué significaba acabar la noche en Joy Eslava o qué clase de público frecuentaba Fortuny. Tampoco hace tanto. Pero la noche madrileña está cambiando a una velocidad endiablada y algunos de los nombres que parecían escritos con neón permanente sobre el mapa de la capital empiezan a apagarse.
Lo curioso es que no sucede porque Madrid haya dejado de salir. Más bien al contrario. Nuevos clubes, dinner shows, tardeo, restauración convertida en antesala de la copa y grandes grupos empresariales han multiplicado la oferta. Hay más noche que nunca. Quizá demasiada para que todos encuentren su sitio.
El último movimiento afecta a Joy Eslava, hoy Teatro Eslava. La histórica sala de la calle Arenal, por la que han pasado varias generaciones de madrileños desde su apertura como discoteca en 1981, estrena nueva gestión. ALMA Corp., grupo empresarial propietario de la cadena Marco Aldany y con intereses también en hospitality, entra ahora en el negocio. No supone su cierre: la programación continúa. Pero sí otro cambio de manos en uno de los grandes símbolos de la noche de Madrid.
Oh My Club y Opium también cambian de manos
Más definitivo ha sido lo ocurrido con Oh My Club, que no volverá a abrir después del parón veraniego. La espectacular sala de la calle Rosario Pino, uno de los grandes nombres del ocio madrileño de los últimos años, ha sido vendida.
Según ha podido saber ESdiario, el comprador es otro grupo de ocio nocturno de fuera de Madrid, cuya identidad no ha trascendido. Un movimiento que se produce apenas unas semanas después de que otro gigante de la capital siguiera un camino parecido.
Opium Madrid cerró a finales de julio después de ser adquirido por Grupo Mosh, el potente conglomerado marbellí encabezado por Albert Beniflah. Uno de los templos de la noche madrileña pasaba así a manos de uno de esos nuevos actores que combinan restauración, espectáculo y club y que están transformando el negocio.
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Y todavía queda un nombre que para determinadas generaciones jamás necesitará actualización: Pachá. Hoy Teatro Barceló, la histórica sala está precintada desde noviembre después de que el Ayuntamiento impusiera un año de cierre por dos infracciones graves de exceso de aforo. Su gestión había pasado poco antes de la familia Trapote a Grupo Sounds, responsable de nombres como Fitz, Vandido, Bonded o Castellana 8.
De Fortuny a Morris y el fin de otro clásico
El quinto cayó en marzo. El histórico palacete de Fortuny, cuya última etapa nocturna tuvo a Morris Club como protagonista, cerró definitivamente después de un procedimiento judicial de ejecución hipotecaria que terminó con la entrega del inmueble a un nuevo propietario. Nada tuvo que ver ese cierre con la crisis de aforos: fueron problemas empresariales y de propiedad los que pusieron el punto final.
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Cinco historias diferentes, por tanto, pero una fotografía común. Joy cambia de gestor; Oh My Club y Opium, de manos; Barceló permanece precintado y Fortuny desapareció. Mientras tanto, los nuevos conceptos se multiplican y el tardeo le roba horas a la madrugada. No es el fin de la fiesta, sino una transformación acelerada de quién la organiza, dónde empieza y hasta qué hora la gente sigue en la calle.
Y quizá ahí esté la verdadera historia detrás de todos estos movimientos. Los clásicos no están cayendo porque Madrid haya decidido quedarse en casa. Están cambiando o desapareciendo mientras una nueva generación de empresarios, locales y formas de salir pelea por una clientela que ahora tiene muchas más puertas donde llamar.
Madrid no se ha quedado sin noche. Todo lo contrario: probablemente nunca tuvo tanta. Lo que empieza a quedarse sin sitio es la noche que conocíamos.