Dani Moreno, experta en salud integral femenina, sobre el error al comer brócoli que puede acabar en hinchazón: "La diferencia está en la preparación"
Dani Moreno pone el foco en la forma de preparar el brócoli y otras verduras que pueden provocar gases e hinchazón en algunas personas y propone la cocción como una opción para mejorar su tolerancia digestiva

Dani Moreno, experta en Salud Integral Femenina, propone cocinar el brócoli al vapor entre siete y diez minutos para favorecer una mejor tolerancia digestiva.
Comer verduras forma parte de cualquier patrón de alimentación saludable, aunque algunas pueden dejar una sensación bastante menos agradable unas horas después: abdomen hinchado, gases o pesadez. El brócoli constituye uno de los ejemplos más conocidos. Dani Moreno, experta en Salud Integral Femenina, ha puesto el foco en una cuestión que muchas personas pasan por alto cuando aparecen estas molestias: la forma de preparar los alimentos.
"La diferencia está en la preparación", explica Moreno en una publicación en Instagram dedicada a la relación entre verduras y molestias digestivas. Su planteamiento parte de comparar el brócoli crudo con el cocinado. Para la experta, someterlo a cocción puede hacerlo más fácil de tolerar, y entre sus propuestas aparece cocinarlo al vapor durante unos siete a diez minutos.
Brócoli, coliflor, repollo y coles de Bruselas pertenecen a la familia de las crucíferas y pueden favorecer la producción de gases y la distensión abdominal en algunas personas. Cleveland Clinic señala que cocinar estas verduras puede facilitar su digestión y limitar la hinchazón en personas sensibles.
Dani Moreno explica por qué el brócoli puede provocar hinchazón
Moreno utiliza el brócoli como ejemplo para mostrar las diferencias que puede producir la preparación. En su publicación describe su fibra en crudo como más difícil de procesar y presenta la cocción al vapor como una alternativa más digestiva.
La explicación fisiológica resulta algo más compleja. Harvard Health recoge que verduras como el brócoli, las coles de Bruselas y el repollo contienen determinados carbohidratos que llegan al colon, donde las bacterias intestinales los fermentan y generan gas. Ese proceso puede traducirse en distensión abdominal en algunas personas.
La cantidad también importa. Los análisis de Monash University muestran que una ración habitual de brócoli completo presenta un contenido bajo en FODMAP, mientras que una ración abundante compuesta por tallos puede aportar un exceso de fructosa relevante para personas sensibles a este carbohidrato. La respuesta digestiva, por tanto, depende también de la porción y de la parte de la verdura consumida.
Sentir hinchazón después de comer brócoli equivale a una respuesta digestiva individual y el síntoma puede estar relacionado con la fermentación y la producción de gas. El término "inflamación" se utiliza con frecuencia en redes para describir esa sensación, aunque desde el punto de vista médico distensión abdominal e inflamación representan conceptos diferentes.
Dani Moreno apuesta por cocinar el brócoli al vapor
"Cómo cocinas importa tanto como qué comes", sostiene Moreno. Entre los métodos que propone aparecen el vapor, el horno, el salteado y los guisos. Para el brócoli recomienda de forma concreta una cocción al vapor de entre siete y diez minutos.
La cocción modifica la textura de los vegetales y puede favorecer su tolerancia para determinadas personas. Cleveland Clinic aconseja precisamente probar las crucíferas cocinadas cuando su versión cruda produce hinchazón.
Eso deja espacio para una precisión importante. Cocinar una verdura tampoco permite afirmar que pase de "inflamatoria" a "antiinflamatoria". Monash University explica que el efecto de la cocción sobre los FODMAP varía según el alimento, la temperatura y el procedimiento empleado. La institución considera que todavía falta investigación para utilizar la cocción, de forma general, como estrategia destinada a reducir los FODMAP de una comida.
Una investigación reciente de Monash aporta un detalle interesante. En pruebas de laboratorio publicadas en mayo de 2026, calentar determinados alimentos en el microondas junto con agua redujo parte de su contenido en FODMAP, con resultados diferentes según el producto analizado. El estudio incluyó cebolla, ajo, champiñones, manzana y garbanzos, por lo que sus resultados tampoco pueden trasladarse de forma automática al brócoli.
Dani Moreno amplía el consejo del brócoli a otras verdura
En su publicación, Moreno incluye también coliflor, coles de Bruselas, repollo, espinacas, kale, pimiento, cebolla y ajo entre los alimentos cuya preparación merece atención. Aquí las diferencias entre unos productos y otros resultan importantes.
Monash University identifica, por ejemplo, la cebolla y el ajo como alimentos especialmente ricos en fructanos, un tipo de FODMAP que puede desencadenar síntomas gastrointestinales en personas con síndrome de intestino irritable. En cambio, espinacas y kale figuran entre las verduras consideradas bajas en FODMAP en una ración estándar de 75 gramos.
La propia Monash University recuerda además que los vegetales aportan fibra, vitaminas, minerales, antioxidantes y fitoquímicos, y promueve su presencia dentro de la alimentación incluso entre las personas que siguen una dieta baja en FODMAP.
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