DANA
Sonoro fracaso de la izquierda de estirar el chicle contra Mazón tras la tragedia de Adamuz
La nueva manifestación contra el dimitido presidente, con la excusa de pedirle el acta, reúne sólo unas decenas de personas en Benetússer con gritos de "asesino" o un muñeco de Feijóo con las manos con sangre cuando ni era responsable

Manifestación contra Carlos Mazón en Benetússer
Mientras toda España seguía conmocionada por el accidente ferroviario de Adamuz y crecía la exigencia de responsabilidades, de explicaciones técnicas y de mejoras urgentes en la red ferroviaria, la izquierda valenciana salió a la calle… pero no para solidarizarse con las víctimas de los trenes ni para exigir seguridad en las infraestructuras. Salió para insistir, una vez más, en su estrategia monocorde: atacar a Carlos Mazón. El expresidente ya ha dimitido. No gobierna. No gestiona. Pero eso no parece suficiente. Ahora, con la excusa de pedirle el acta de diputado, se convocó una nueva manifestación bajo el lema explícito y grueso de “Mazón a presó”. Más de 200 entidades sociales la respaldaban sobre el papel. En la calle, la realidad fue muy distinta: ni 500 personas.
La protesta recorrió las calles de Benetússer, uno de los municipios más castigados por la riada. No Valencia capital, donde las últimas concentraciones evidenciaron una asistencia mínima. Aun así, ni el lugar ni el momento lograron movilizar. Las imágenes son claras: apenas unas decenas de personas ocupando el tramo de una sola manzana. Nada más. Los manifestantes marcharon tras una pancarta principal con el lema “Mazón a presó” y portaron otras con mensajes como “Mazón criminal”, “No son muertos, son asesinatos” o “Las nuestras de barro, las suyas de sangre”. Hubo muñecos, gritos de “asesino”, algunas banderas esteladas y comunistas, y una puesta en escena cada vez más alejada de la denuncia política y más cercana al ritual del señalamiento.
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El momento más revelador del aquelarre anti Mazón llegó con la exhibición de un muñeco de Alberto Núñez Feijóo con las manos manchadas de sangre. El líder del PP no tenía ninguna responsabilidad en la gestión de la dana, ni cargo ejecutivo alguno relacionado con los hechos. Pero eso ya no importa. En esta manifestación, como en tantas otras, la verdad es secundaria y las víctimas quedan relegadas a mero decorado emocional.
El mensaje que deja esta convocatoria fallida es demoledor: la izquierda ha decidido estirar el chicle anti Carlos Mazón hasta que se rompa, incluso cuando el contexto exige otra cosa. No hubo ni una consigna clara sobre seguridad ferroviaria ni solidaridad con las víctimas de Adamuz. Ni una exigencia concreta de inversión, de auditorías técnicas o de responsabilidades administrativas reales. Solo el estribillo de siempre, repetido ya sin eco. Benetússer no respondió. Y no lo hizo porque la sociedad valenciana distingue cada vez mejor entre la legítima exigencia de justicia y la utilización política del dolor. Convertir una tragedia nacional en un acto de agitación partidista no suma apoyos: los desgasta.
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