Sin vivienda no hay talento
La vicepresidenta del Consell, Susana Camarero, acierta al identificar la vivienda como el cuello de botella de la economía valenciana; ahora, el reto es que ese esfuerzo se traduzca en ladrillos.

La vicepresidenta, Susana Camarero, durante el diálogo que sostuvo con constructores agentes inmobiliarios en el foro organizado este jueves por ESdiario.
Nos hemos llenado la boca durante años hablando de la "revolución industrial verde", de la gigafactoría de baterías en Sagunto y de convertir a Valencia en el nuevo Silicon Valley del Mediterráneo. Hemos desplegado alfombras rojas para las multinacionales, prometido infraestructuras faraónicas y brindado con champán por la llegada de talento internacional y nacional. Pero, en nuestra infinita soberbia, hemos olvidado un pequeño detalle: el talento, por muy cualificado que sea, no vive del aire ni duerme en las oficinas de diseño.
La realidad del Camp de Morvedre y su área de influencia es, hoy en día, un desafío urgente. Mientras las instituciones venden las bondades del proyecto del parque industrial del puerto de Sagunto, el mercado inmobiliario se ha encargado de dinamitar la fiesta antes de que empiece. ¿De qué sirve atraer a ingenieros de primer nivel, técnicos especializados o perfiles tecnológicos si, al llegar, se encuentran con una oferta que parece diseñada para expulsar a cualquier ser humano? Los precios de la vivienda se han disparado, y su falta se ha convertido en el tapón que amenaza con asfixiar nuestro desarrollo económico.
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Es justo reconocer que, frente a esta parálisis, hay voces en la Generalitat que no miran hacia otro lado cómo nos tuvo acostumbrados los años la coalición PSPV-Compromís de el Botànic. La vicepresidenta primera y consellera de Vivienda, Susana Camarero, ha demostrado ser plenamente consciente de la gravedad de este escenario. No solo conoce el problema en toda su magnitud, sino que ha mostrado una preocupación real, entendiendo que, sin un parque de vivienda adecuado, la prometida reindustrialización es un castillo de naipes. A diferencia de la inacción de otras etapas, su gestión se está moviendo con determinación para buscar soluciones estructurales. Lo ha demostrado en el Foro “Vivienda Comunidad Valenciana” organizado por EsDiario en el Ateneo Mercantil de Valencia en su dialogo con constructores y agentes inmobiliarios presentes.
La estrategia de Camarero busca desatascar la parálisis urbanística y facilitar la construcción y movilización de vivienda asequible, entendiendo que el sector público debe actuar como un agente dinamizador y no solo como un espectador. Su enfoque, centrado en remover obstáculos administrativos y buscar vías de colaboración para aumentar la oferta, es un paso necesario para corregir esta anomalía.
Aun así, la inercia del mercado es brutal. El riesgo es que el talento que venía a "liderar el cambio" sigua haciendo las maletas. Se queden en otras ciudades o países donde el sueldo de un profesional permite vivir sin vender un riñón para acceder a una vivienda. Lo más irónico es la tormenta perfecta: las empresas necesitan personal, los trabajadores cualificados, o no, necesitan un techo, y los vecinos de toda la vida ven cómo el barrio cambia bajo sus pies.
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Una Comunidad cómo la Valenciana que no garantiza un techo a quienes vienen a construir su futuro no es un territorio de progreso, es una trampa. La vicepresidenta primera del Consell, Susana Camarero, está acertando al identificar la vivienda como el verdadero cuello de botella de la economía valenciana; ahora, el reto es que ese esfuerzo se traduzca en ladrillos reales lo antes posible. Porque si no logramos equilibrar la ambición industrial con la realidad habitacional, todo ese ecosistema de baterías en Sagunto, por ejemplo, no será más que un decorado de cartón piedra. La innovación, sencillamente, no cabe en un piso de diez metros cuadrados.