Erre con “re”
Y resistirá el que firmó un manual sobre el asunto, levitando de soberbia en la poltrona presidencial. Pese o sopese secretas encuestas de urgencia o números de la protesta callejera

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados, a 2 de octubre de 2026.
Me recreé días atrás con la partícula “re” y sus diversas connotaciones y significados a propósito de los decretos -decreto y redecreto- sobre vivienda. Finalmente, el viernes cayeron al parqué parlamentario los bolos, o las bolas, del funambulista y siquiera un ujier uniformado se paró a retirarlas. Decayeron. Para algunos contra todo pronóstico. No para otros. Ni mucho menos para los que los dejaron caer.
Sin solución de continuidad se instaló un clima de desconcierto -probablemente concertado- y el anuncio de una nueva, más breve, cesárea reflexión tras el giro inesperado de cita sin citarlo del líder de la Revolución de los barbudos cubanos. Sin ocultar su permanente preocupación por la historia como juez de última instancia.
Precocinados por Maricarmen y un insólito Sindicato de inquilinas, que no de trabajadoras, abundantemente regado con subvenciones y ayudas oficiales, y con la receta rápida para airfried de un influencer impúber, uno primero otro después, se publicaron en el BOE. Antes la ministrilla del ramo, balbuceaba respuestas de suspenso de PISA, en la rueda de prensa posterior a su aprobación sin texto definitivo, por el Gobierno de Sánchez. Unos y otras.
Resistirán los acampados de Sol (los de Ceuta es rollo aparte) mientras se toman otras plazas y se reproducen las manifestaciones. Continuará llamando a la movilización contra sí misma la vicepresidenta Yolanda Díaz que no será candidata de Sumar en las próximas generales.
Y resistirá el que firmó un manual sobre el asunto, levitando de soberbia en la poltrona presidencial. Pese o sopese secretas encuestas de urgencia o números de la protesta callejera. U opte por alguna extravagante recomendación otoñal a los jóvenes y jóvenas de España.
Pierde el tiempo Tellado, a ojos de este cronista, adoptando un tono de comprensivo hermano mayor aconsejando al revoltoso. Más comprensión merecería Núñez Feijóo, diana de todas las miradas por lo crítico de la situación, sin que le falten enredos menores como el del dosier valenciano, si se viera apurado con algún episodio de dislexia menor.
Recupero ahora el adjetivo de cesáreo, porque por banalizado que esté el episodio, mientras escribo imagino a Sánchez observando con cierto regocijo y satisfacción la compleja situación creada. Y urdiendo la respuesta más inesperada. Sin medir el riesgo. Poderoso, empoderado de sí mismo. Como un pavo real.
Ha desplegado el menú argumental del día y de ello se han hecho puntual eco portavoces gubernamentales y el amplio y compacto tejido mediático de difusión. El adelanto electoral goza de mayor credibilidad entre las hipótesis que se desvelarán mañana salvo mayúscula sorpresa.
Y este pacientudo cronista, que imagina a Sánchez disfrutando de la escena, es incapaz de imaginar el artificio de la salida ahora en fogones. Más engaños, más populismo serán lugares comunes.
Pero apuesto, y no es provocación ni deseo, porque las elecciones anticipadas no están en la ecuación. Siquiera creo que la haya (ecuación).
El gobierno se ha instalado en una espiral vertiginosa de la que es imposible bajarse sin darse un morrocotón y acabará quemando sus despachos para azuzar las calderas de su propia inmolación.