Este país parece un cachondeo y faltón
Tenemos un ejemplo con Compromís, empezando por el otrora educado Joan Baldoví que, absolutamente rabioso y faltón le espetó a Fernando Pastor: “eres un puto maleducado”

El portavoz de Compromís, Joan Baldoví
Expresidentes y exministros enchironados, talmente otros cargos parejos y de comunidades autónomas sentados en el banquillo, absoluta y reiteradamente falta de respeto oratorio entre parlamentarios, sin continencia verborrea alguna desde las Cortes Españolas al último pleno municipal, “extraños compañeros de cama” que con una mano los critican pidiendo la convocatoria de elecciones, mientras con la otra apoyan la permanencia de Pedro Sánchez en el Gobierno.
Y así podríamos seguir con toda una larguísima reata de disparates en la política española que son mofa e irrisión de sobrados medios de comunicación extranjeros, porque los nuestros propiamente resultan vergonzosamente increíbles para un espectador atónito (mayoritariamente independiente) ante esas lobotomizadas tertulias desvirtuándose en la desfachatez del pestilente servilismo a un amo ideológico y a costa de todos los contribuyentes, sean o no de una ideología sectaria anteponiendo el sanchismo al socialismo.
Nefandos personajes y personajillos de toda ralea y condición profesional que oponen su odio visceral al criterio que se le supone al periodista equidistante por encima de sus prioridades ideológicas.
En sus desaforados vituperios se les nota la angustia de quien sabe el mal futuro que les augura la demoscopia porque el PP, con o sin Vox pueden barrer en las próximas elecciones, y en La Sexta no hay cama para tanta gente, mientras que en RTVE la patada en el culo y a seguir será tan inmediata como la toma de posesión audiovisual de la centroderecha.
Es por ello su vano e intensivo ridículo de pedirle a Feijóo que se aparte de Abascal; algo así como mandarle recado al “enemigo” para explicarle como debe derrotarte. O dicho con todo el descaro que, tras perder las elecciones en aplastante derrota, sigan gobernando los socialistas por el mero deseo de sus tertulianos/as afines que acabarán en el paro y limbo mediático o como corresponsales en Samarcanda.
Los españoles somos gente de carácter fogoso y “sangre en el ojo”, como decían los del 98 en amarga reflexión sobre nuestro talante impulsivo (apuntalados después por Ortega y Gasset) que tantas veces nos llevó a precipitar desgracias (Lerroux). Pero eso no quiere decir que presuntas estrellas mediáticas con supuesta credibilidad sigan intentando prender fuego a la antorcha cainita como si después de tres guerras civiles en menos de un siglo, necesitásemos de una cuarta, cuyo resultado final no pudiera ser sino una dictadura de uno u otro signo (todas son malas).
Bastante sobrados fuimos con el totalitario y cruel franquismo como para bascular ahora a un sanchismo despótico apoyado por los adversos de todo aquello que significan las palabras “España y los españoles”.
En la Comunidad Valenciana tenemos un claro ejemplo con Compromís, empezando por el otrora simpático y educado Joan Baldoví que en el presunto santuario político de Les Corts, absolutamente rabioso y faltón le espetó a Fernando Pastor, Síndic del PPCV: “eres un puto maleducado”. Pues anda que tú, comentaban los socialistas desde su bancada con cierta y sorprendente conmiseración, mientras que los peperos exigían constar en acta parlamentaria semejante ordinariez decididamente desproporcionada en quien sube al atril en representación de una formación política que incluso gobernó en coalición con el PSPV y los podemitas, no por más duros en sus exposiciones, menos cautos con el vocabulario a emplear en la retórica legislativa que se transmite al ciudadano.
Con su genial mordacidad dejó escrito don Francisco de Quevedo aquellos procaces versos: “Puto es el hombre que de putas fía, y puto el que sus gustos apetece; puto es el estipendio que se ofrece en pago de su puta compañía”. No me veo al siempre discreto alcoyano, y muy pudoroso con su imagen pública Fernando Pastor en plan noctívago por el barrio chino valenciano (Velluters) echando retozos reloj en mano, o buscando neones de bares de carretera cantados por Sabina.
- Por si Compromís no tenía bastante debacle descendiendo en las encuestas, ahora la incontinencia “baldoviana” le echa una mano al descalabro nacionalista precisamente cuando las segregaciones no andan entre las mayores preocupaciones del votante valenciano. Esperemos que, al menos pida perdón por esta impropia ida de la olla. Supongo que cuando era maestro no les transmitía a sus alumnos semejantes expresiones malsonantes, todo lo contrario. Y no se nos refugie en “lo coloquial” porque entonces: adiós al parlamentarismo.