Thriller en Montjuic: Sorloth le da al Atleti el empate en un partido de locura en Barcelona
Culés y rojiblancos acaban empatando (4-4) en un partido en el que los de Simeone se pusieron con dos goles de ventaja en cinco minutos, los de Flick luego arrollaron pero el orgullo colchonero llevó las tablas al marcador

Alexander Sorloth celebra el 4-4 ante el Barcelona
Tengo que reconocerlo: ser madridista y tener que hacer la crónica de un Barcelona-Atlético es como tener que narrarles una disputa dialéctica entre tu suegra y tu cuñado el gonzalomiró en una comida familiar. Pase lo que pase, sea cual sea el resultado, se disfruta. Y el partido de ida de semifinales de Copa del Rey se disfrutó, vaya se disfrutó. Acabó 4-4, pero pudo acabar de cualquier manera, según el momento del encuentro que se eligiera.
Muchos dirán que fue un monumento al fútbol, pero no fue así. El Barcelona, cuando fue fiel a su estilo, se merendó a su rival. El Atlético, cuando tuvo que tirar de sufrimiento, de agarrarse al partido como una garrapata para sobrevivir como fuera a un infierno en el que se veían paseándose pero pudieron salir zarandeados como pocas veces, también.
Desde el primer minuto, con una ocasión del Atlético antes del gol de Julián Álvarez a los 48 segundos, se vio que aquello iba a ser trepidante. Más aún cuando Griezmann hizo el 0-2 cuando apenas se cumplían cinco minutos de encuentro. El Barcelona estaba desbordado, porque a cada amago de presión adelantada made in Flick respondía el Atlético con una contra de tiralíneas que le desmadejaba. Los locales estaban groggy...
Pero apareció Pedri. Y luego, Lamine Yamal. Y entre los dos, la pausa y el detector de espacios del canario y el vértigo imparable del de Esplugues, decidieron que había que sobreponerse a esa afrenta. Acompañaron todos los demás, claro, porque la presión azulgrana ante unos rojiblancos cada vez más hundidos en su área fue épica. El Atlético puso de su parte: para empezar, porque dejar a Oblak en el banquillo en un partido así para darle los guantes a Musso, portero transparente, es un disparate.
Precisamente fue Pedri el que marcó el 1-2 a pase de Koundé antes de que empezara un recital defensivo (pero por los errores garrafales) de un Atlético al que le temblaban hastas las pestañas. Un minuto después, Cubarsí hizo el 2-2 totalmente solo en el segundo poste tras un córner. A Simeone le debían dar saltos las entrañas, pero es que justo antes de ir al descanso, con el Atlético sobreviviendo como podía, volvió a suceder lo mismo, aunque en esta ocasión fue Iñigo Martínez el que ponía el 3-2 también a placer tras un saque de esquina rematado en el palo largo.
Los de Simeone se rehicieron un poco en el segundo tiempo. El vendaval azulgrana era un viento huracanado, pero no la tormenta tropical del primer tiempo, aunque era imposible frenar a Lamine, un demonio para todo el sistema de ayudas que dispuso el Cholo para tratar de pararle... infructuosamente. El Atlético sí mejoró de verdad cuando entraron al campo Correa y Sorloth, por un Griezmann que ya no está para estos trotes porque el físico no le da y por un Gallagher que parece un turista despistado paseando por la Gran Vía, pero no un futbolista.
La enésima arrancada de Lamine llevó el delirio a la grada de Montjuic, porque le dio un pase sensacional tras un jugadón estratosférico a Lewandowski para que el polaco pusiera el 4-2 a los 73 minutos. El partido y casi casi la eliminatoria parecían sentenciadas...
Y entonces apareció el orgullo del Manzanares. La resiliencia. La capacidad de supervivencia de un Pupas que quiere dejar de serlo. Correa fue absolutamente capital. Igual que Sorloth. Un gran pase del argentino a Marcos Llorente, desastroso como lateral, sensacional en el medio, acabó con gol del ex madridista (4-3), y le daba esperanzas a los del Cholo para la vuelta. Pero la cosa no se quedó ahí: en el alargue, como ya hizo en el partido de Liga, Sorloth marcó. Recibió un caramelo de Lino y con suspense hizo el 4-4. Cada uno jugó sus cartas lo mejor que supo. Y eso da para un empate en un auténtico thriller en Montjuic. Y queda más de un mes para la vuelta...