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Miguel Queipo

Miguel Queipo de Llano

Feliz Año Nuevo, madridistas

Dani Carvajal, Carlo Ancelotti, Florentino Pérez y Luka Modric

Dani Carvajal, Carlo Ancelotti, Florentino Pérez y Luka ModricREAL MADRID

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El 4-3 del pasado domingo en Montjuic fue el inicio del Nuevo Año en el Real Madrid. Fueron cuatro goles que sonaron a (y dolieron como si fueran en el lomo) doce campanadas. El título liguero aún es posible (remotamente posible, y dependiente de desplomes ajenos y resucitaciones propias), pero esta campaña se da por liquidada. 

Tanto, que al club blanco le importa bastante poco que el nuevo entrenador, Xabi Alonso, se queme a lo bonzo en el primer Mundial de Clubes, donde comenzará su andadura con un equipo arruinado en lo físico, dañado en lo moral, desarmado en lo táctico y más pendiente de la fiesta madrileña que del pasto de Chamartín. Lo que sea con tal de que el turrón del duro y la música de viento no lleguen al palco.

Con una afición silente, un estadio repleto de turistas y el discurso en las redes sociales controlado, todos los escándalos que habrían sacudido los cimientos de cualquier entidad han pasado inadvertidos. El Real Madrid ha convertido el fútbol en algo secundario, tan secundario, que el mejor equipo del Continente el curso pasado se ha convertido en un guiñapo que ha dado, como dirían en Twitter, ascopena. Y todos, absolutamente todos, tienen su parte de culpa.

El presidente y la directiva

El club se ha embarcado en una espiral autodestructiva en la que nadie parece poner pie en pared. Todo lo que tiene que ver con el fútbol le parece mal a los mandamases del club. Le parecen mal las competiciones (el enemigo Tebas, el vergonzante amago de plantón en la final de Copa, la Chiringuiliga que nadie quiere...), le parecen mal los horarios, le parecen mal los árbitros, le parece mal que haya abonados en el estadio, le parece mal el VAR (del que fue el principal impulsor), le parecen mal las retransmisiones televisivas, le parecen mal los comentaristas, le parece mal eso de tener que viajar por España... La RAE define en su segunda acepción "vinagre" como "persona de genio áspero y desapacible". Así se han comportado presidente y directiva en estos últimos tiempos.

A ello hay que añadir el fiasco mayúsculo del estadio. Alrededor de 2000 millones de euros para tener lo mismo, exactamente lo mismo, que había antes, salvo un estadio de aspecto dudoso con un techo muy molón pero inútil y un ascensor de césped para eventos que no se celebran. No hay hotel, no hay centro comercial, no hay eventos y no hay aparcamientos, el maná que aseguraban que venía. 

Adelento: habrá conciertos, el Ayuntamiento, el club y los malvados vecinos de la zona parece que sellarán pronto el acuerdo para que el Bernabéu recupere el ritmo de conciertos del pasado (tres o cuatro al año, no los 300 que aseguraban los vendeburras habituales), pero esa máquina de hacer dinero que iba a ser el Bernabéu sólo lo es a costa de la venta de entradas a touroperadores: más turistas y menos madridistas. Un éxito de gestión.

Ancelotti y su cuerpo técnico

Carletto liquida su contrato y se va a Brasil, en un anuncio que hizo la Confederación Brasileña pero ante la que el técnico y el Real Madrid se mantuvieron impasibles. Inaudito y una falta de respeto al madridista. Más allá de esa falta de explicaciones, es notorio que al italiano tranquilo le ha faltado eneryía: en julio de 2024 se quejó al club de la falta de refuerzos tras las salidas de Nacho, Joselu y sobre todo Kroos, las dudas con Militao y Alaba y las carencias que ya tenía la plantilla en determinadas posiciones.

La respuesta a las demandas de Carletto fue tajante: "Es lo que hay, apáñate con esto". Las nuevas lesiones, la falta de empatía entre algunos de los jugadores y el exceso de mano izquierda del italiano (le ha faltado látigo cuando era necesario, sí) han convertido el vestuario en un spa donde hay mucho baño y masaje y poca profesionalidad. Ancelotti hace mucho que dimitió de sus funciones: harto de estar harto, con veintitantos chavales subiéndosele a las barbas y sin ser capaz de dar con la tecla. 2025 ha sido una agonía para el italiano.

La plantilla

Personalizar en algún jugador sería injusto. Nadie ha estado a su nivel. Ayer, en X.com, un tuitero normalmente acertado ponía el dedo en la llaga: "Cómo habrán sido los últimos meses del Madrid para que Tchouameni parezca bueno", venía a decir. Pero es que la dimisión de los jugadores llamados a liderar a este equipo desde que comenzó el año es algo más que irritante. 

Vinicius perdió el Balón de Oro pero también el oremus. Lo de este chico es inadmisible. Su apatía, su falta de compañerismo y su empeño en estar en todas las broncas sin pensar nunca en lo que es mejor para el equipo no lo toleraría ningún presidente del Real Madrid, salvo uno: el que lo fichó. La dimisión sonrojante de Rodrygo es intolerable, y no se va a llevar ni una multa económica, escapará de rositas. Bellingham ha acabado tan desesperado de no saber dónde tiene que jugar y qué tiene que hacer que parece un jugador vulgar. Mbappé es un gran jugador, pero jamás va a llegar a atarle los cordones de las botas a Cristiano Ronaldo, porque le faltan voracidad y espíritu ganador.

Podemos seguir, podemos hablar del desplome de Camavinga, del inmenso error que fue señalar al extraordinario Fede Valverde como el heredero de Kroos cuando el Halcón uruguayo es más parecido a Simeone que a Redondo. De los retales que abrochaban una plantilla que no era ni mucho menos top del Continente. No, no voy a hablar de papel couché, aunque las correrías nocturas de algunos (quizás demasiados) jugadores de la plantilla son la comidilla de los mentideros más trasnochadores de la capital.

La masa social y la afición

Es duro, y pocos se atreven. Pero la masa social del Real Madrid y su afición, ese madridismo universal que es santo y seña de este proyecto, están aletargados. Ni siquiera en un momento en el que nada parece funcionar como debiera, son capaces de demostrar su descontento. Y los pocos que se atreven a intentar hacerlo son silenciados y amenazados dentro del estadio por la seguridad privada contratada por el club.

La charlotada llega a tal extremo que los propios socios ni siquiera han protestado ante el anuncio de la directiva de que el club se transformará en otro ente jurídico abandonado eso, el ser un club de socios, y perdiendo por tanto la propiedad de la entidad. Tal vez estemos asistiendo a la destrucción del Real Madrid Club de Fútbol, total o parcial. Y todos miran hacia otro lado. Quizás es lo que se merecen en ese nuevo año que comenzó con el 4-3 del domingo.

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