Infantino se cobra su vendetta: el número 3 de la FIFA, Kevin Lamour, despedido
El director de operaciones cae 17 días después de denunciar engaños, intimidación y poder unilateral en el proyecto de venta de las Copas del Mundo, mientras la rebelión futbolística convierte las elecciones de 2027 en una emboscada para el presidente

Gianni Infantino, presidente de la FIFA, en un partido del Mundial 2026
Kevin Lamour advirtió públicamente de que podía perder su puesto por contar lo que estaba sucediendo dentro de la FIFA. Diecisiete días después, ya está en la calle. El organismo ha comunicado la destitución de su director de operaciones, considerado el número tres de la institución, después de que se enfrentara abiertamente a Gianni Infantino, el mandamás del fútbol mundial.
La versión oficial es bastante más delicada. El secretario general, Mattias Grafström, informó a los trabajadores de que la decisión había sido tomada tras una “cuidadosa consideración” y desde el “máximo respeto”. El respeto, en Zúrich, cabe perfectamente en el mismo correo electrónico que el despido.
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Elena Bellver
Lamour había roto el silencio el 31 de julio para denunciar el proyecto con el que Infantino pretendía entregar a inversores privados una parte del negocio de los Mundiales. Según recoge The Guardian, acusó a la presidencia de haber engañado durante meses a su propia administración y de gobernar mediante la intimidación. Sabía lo que podía ocurrir: “Al menos dormiré bien esta noche”. Horas después, la operación quedó archivada.
Lamour no era un rebelde recién llegado ni un enemigo histórico de Infantino. Trabajó con él en la UEFA, donde ingresó en 2007 y llegó a ejercer como secretario general adjunto. La FIFA lo recuperó en 2024. Precisamente por conocer desde dentro al presidente, su acusación resultaba mucho más incómoda que cualquier crítica exterior.
Tampoco fue el único que se negó a acompañar la maniobra. Carlos Cordeiro, asesor de Infantino y antiguo presidente de la Federación estadounidense, dimitió ese mismo 31 de julio. Lamour, en cambio, se negó a marcharse voluntariamente. La respuesta fue apartarlo de la reunión de crisis celebrada el 4 de agosto en Rabat y despedirlo dos semanas después.
Le Monde presenta su caída como algo más que una represalia laboral. Es el retrato de una forma de gobernar. Empleados del organismo elogian anónimamente la integridad de Lamour y describen un clima de miedo, desconfianza y hartazgo. La operación comercial fue preparada con absoluto secretismo y buena parte de la plantilla se enteró por la Prensa.
La crisis ya ha saltado desde los despachos hasta las urnas. UEFA, CONCACAF y la Confederación Asiática han unido fuerzas contra Infantino y, según el periódico francés, creen disponer de al menos 106 de los 211 votos de la FIFA. Su proyecto incluso contempla desmontar el modelo de “hiperpresidente” y sustituirlo por una presidencia representativa, rotatoria y con mandatos de dos años.
Para competir en marzo de 2027 todavía necesitan un candidato. Le Monde sitúa mejor colocado a Victor Montagliani, presidente de CONCACAF, mientras Politico señaló a Nasser Al-Khelaifi, dueño del poder que conceden los clubes, la televisión y sus conexiones políticas. Ninguno ha anunciado que vaya a presentarse, pero los movimientos existen.
Infantino ha eliminado al directivo que se atrevió a decirle que la FIFA no era suya. Puede que así haya recuperado el control del edificio, pero también ha confirmado buena parte de la acusación. Lamour dijo que dormiría tranquilo. El presidente tiene cada vez más razones para hacerlo con un ojo abierto.