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Kimi Antonelli: de entrar escondido entre neumáticos a mandar en la Fórmula 1
El italiano puede convertirse en Austin en el campeón mundial más joven de la historia. A sus 20 años ya colecciona victorias, récords y unas cuantas historias: de alcanzar 320 km/h sobre las piernas de su padre a necesitar que su madre le llevara en coche

Andrea Kimi Antonelli está batiendo todos los récords de precocidad en la F1
Kimi Antonelli entró por primera vez en un paddock de Fórmula 1 de estranjis. Tenía siete años y no cumplía la edad mínima para acceder a Hockenheim, así que su padre, Marco, encontró una solución de película torrentiana de espías: escondió al niño entre unos neumáticos colocados sobre un carrito, lo tapó con un paraguas y cruzó el control.
Trece años después ya no hay que esconderlo para entrar. Más bien al contrario. Antonelli llega al Gran Premio de Estados Unidos con 102 puntos de ventaja sobre George Russell y 111 sobre Lewis Hamilton y una carambola puede convertirle este fin de semana en el campeón mundial más joven de la historia de la Fórmula 1. Pero si no es este fin de semana, lo será otro. Sebastian Vettel tenía 23 años cuando estableció el récord en 2010. Kimi tiene 20.
Y quizá lo más sorprendente sea que al italiano le ha dado tiempo a acumular unas cuantas vidas antes de cumplir 21. Con diez años, por ejemplo, se puso al volante de un Lamborghini de carreras sentado sobre las piernas de su padre. Marco manejaba los pedales y Kimi el volante y el cambio. Alcanzaron unos 320 km/h. Cuando el coche sobreviró y el crío lo corrigió sin pestañear, papá empezó a sospechar que aquello iba en serio.
No se equivocó. Mercedes lo fichó para su academia con 12 años. En 2022 ganó las Fórmula 4 italiana y alemana; después conquistó las Formula Regional de Oriente Medio y Europa y la marca de la estrella decidió saltarse directamente la Fórmula 3 para llevarlo a F2. Un año después estaba sustituyendo a Lewis Hamilton en Mercedes.
Un campeón que todavía necesitaba a mamá
La velocidad, sin embargo, produce anécdotas estupendas. Antonelli llegó a la Fórmula 1 antes que al permiso de conducir y durante sus primeros meses como piloto de Mercedes necesitaba que su madre le llevase de un sitio a otro. Cuando por fin se examinó, aprobó a la primera pese a reconocer que apenas había practicado el aparcamiento y el cambio manual y que apenas sabía engranar la marcha atrás.
No parece que le entusiasme ocupar el asiento del acompañante. Durante un viaje por carretera con amigos en California se pasó buena parte de los trayectos durmiendo. Su explicación resume bastante bien al descarado jovenzuelo: "Si no conduzco, me aburro".
También quería ser futbolista. Admiraba a Messi, seguía al Barcelona y jugaba de delantero, aunque su descripción de aquellas virtudes futbolísticas no parece destinada a impresionar a ningún ojeador: "Corría y basta". Años después encontró otro ídolo en Michael Jordan y ha visto varias veces The Last Dance. Su película favorita de niño, eso sí, era bastante más previsible: Cars. Todavía la ve.
Kimi, Andrea y Antonelli
En Mercedes han descubierto además que debajo del casco hay un bromista. Mantiene una 'pequeña guerra' con su ingeniero Peter "Bono" Bonnington, el que fuera el siempre imperturbable británico que calmaba las pataletas de Hamilton, que ya ha incluido tartazos, pistolas de agua y hasta la desactivación de la tarjeta con la que Bono entra en la fábrica. Hay una víctima, sin embargo, que todavía se le resiste: Toto Wolff. "Necesitas tener pelotas para hacerle una broma", admite.
El jefe de Mercedes tampoco necesita muchas palabras para comunicarle cómo van las cosas, así de especial es el casi permanentemente malhumorado alemán. Cuando todo marcha bien le llama Kimi. Cuando hay algo que corregir pasa a Andrea. Y si escucha Antonelli, más vale que vaya preparándose.
Fuera del circuito conserva costumbres bastante menos glamurosas. Antes de viajar a los grandes premios le gusta lavar personalmente su Mercedes GT63 y tiene especial obsesión por secarlo bien para que no quede rastro de las gotas. Lleva además desde niño un collar con una cola de ballena que le regaló su madre en Cerdeña y que considera un amuleto.
Incluso ganar en las reviradas calles de Mónaco resultó sorprendentemente poco cinematográfico. Después de la cena oficial volvió al hotel sin montar ninguna fiesta. Al día siguiente Toto Wolff terminó invitándolo a su barco y el flamante vencedor del Gran Premio acabó pescando con el hijo de nueve años de su jefe.
Todo ello mientras seguía estudiando. En su primera temporada de Fórmula 1 preparaba la Maturità, el equivalente italiano al título de Bachillerato, entre reuniones con los ingenieros y grandes premios. Para su primera carrera en casa, en Imola, invitó a toda su clase.
Ahora tiene delante un examen algo distinto. Si las cuentas salen en Austin, Italia tendrá su primer campeón mundial desde Alberto Ascari en 1953 y la Fórmula 1, el más joven de su historia. Aquel niño que tuvo que esconderse entre neumáticos para colarse en un paddock puede acabar saliendo de uno convertido en el hombre más solicitado del momento. Lo mismo ocultarse de nuevo a veces le vendría bien...