La CNMC y los grandes operadores anticipan qué pasará con la luz, el gas y los carburantes en 2026
La CNMC y los grandes operadores anticipan qué pasará con la luz, el gas y los carburantes en 2026
Cocina de gas
De cara a 2026, la energía entra en una fase de estabilidad general, aunque no homogénea. Electricidad, gas y carburantes no afrontan un escenario de subidas abruptas, pero sí ajustes internos que pueden alterar el recibo final en función del suministro y del tipo de consumidor. La clave está en cómo evolucionan los costes regulados y el precio de la energía en los mercados.
La información publicada por los organismos reguladores y las previsiones de empresas y agencias internacionales dibujan un panorama más contenido que en años anteriores, aunque con diferencias claras entre suministros.
Electricidad vigilada
La electricidad es el suministro con más probabilidades de registrar cambios perceptibles. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia ha publicado ya la orden de peajes para 2026, que contempla una subida media del 0,5 por ciento en este concepto fijo del recibo.
Más relevante es la evolución de los cargos, el otro gran componente regulado de la factura. El Ministerio para la Transición Ecológica ha propuesto un incremento superior al 10 por ciento. Aun así, el Gobierno confía en que una bajada del término de energía compense este encarecimiento, manteniendo estables los impuestos.
Visión del sector
Las previsiones oficiales chocan parcialmente con las del sector eléctrico. Las grandes comercializadoras, como Iberdrola y Endesa, han anunciado que en 2026 trasladarán al cien por cien de sus clientes el sobrecoste asociado a la operación reforzada tras el apagón.
Este ajuste afectaría especialmente a los consumidores del mercado liberalizado, que representan más del 60 por ciento del total, y podría suponer un incremento adicional en el recibo. Red Eléctrica, por su parte, limita el impacto y espera que se atenúe a lo largo del año.
Gas contenido
En el gas, el escenario es más tranquilo. No se esperan señales de alerta inmediatas y la principal variable sigue siendo el precio de la materia prima en los mercados internacionales. La Agencia Internacional de la Energía prevé para 2026 una mayor oferta mundial y un crecimiento moderado de la demanda.
Este equilibrio podría aliviar tensiones y contener precios en Europa. Algunos bancos de inversión, como UBS, han reducido sus previsiones para el gas natural en 2026, anticipando incluso niveles más bajos por un exceso de capacidad de producción de gas natural licuado.
Carburantes estables
Los carburantes siguen una lógica similar. Su evolución dependerá del precio del petróleo, y varias instituciones, entre ellas la agencia energética de Estados Unidos, proyectan un Brent más barato que en años recientes, con precios que podrían situarse entre 50 y 60 dólares por barril.
Este escenario responde a una mayor producción global y a una demanda que crece más lentamente de lo previsto. La principal incógnita sigue siendo la fiscalidad del diésel y su posible equiparación con la gasolina, un factor que podría alterar el equilibrio actual.
En conjunto, 2026 arranca sin sobresaltos energéticos, pero con ajustes silenciosos que pueden marcar diferencias en la factura final. La estabilidad existe, aunque no es uniforme, y dependerá de cómo evolucionen estos factores a lo largo del año.