El relevo no siempre lleva el mismo apellido
Business agreement - Senior and young male executives shaking hands at office
Durante mucho tiempo, en España hemos entendido el relevo empresarial casi exclusivamente desde una perspectiva familiar. Cuando un empresario se jubilaba, parecía natural pensar que el negocio pasaría automáticamente a manos de sus hijos o de algún consanguíneo. Pero la realidad económica, social y demográfica de nuestro país ha cambiado. Y hoy es más importante que nunca entender que relevo generacional y relevo familiar no son exactamente lo mismo.
Un negocio puede continuar sin necesidad de mantener el mismo apellido en la puerta. Y eso no significa perder su esencia. Al contrario. Muchas veces, supone preservar años de trabajo, sacrificio y legado gracias a personas que, aun sin formar parte de la familia, entienden el valor de aquello que reciben y tienen la voluntad de hacerlo crecer.
En demasiadas ocasiones vemos cómo empresas viables desaparecen simplemente porque no existe un relevo familiar dispuesto a asumir la responsabilidad. Talleres, comercios, explotaciones agrícolas, pequeños negocios o industrias locales bajan la persiana pese a seguir siendo rentables y necesarias para su entorno. Y ahí es donde debemos empezar a abrir una reflexión importante como sociedad: quizá el verdadero relevo no sea el de la sangre, sino el del compromiso.
Un vecino del municipio, un trabajador de confianza que lleva años dentro de la empresa o un joven emprendedor con ganas de construir un proyecto de vida pueden convertirse en los mejores continuadores de una historia empresarial. Lo importante no es únicamente quién hereda una empresa, sino quién está dispuesto a mantener vivo su propósito.
España afronta ya uno de los mayores desafíos empresariales de su historia reciente. Miles de empresarios alcanzarán la edad de jubilación y muchos de ellos no cuentan con sucesión asegurada; el 70% de los negocios no tienen un plan de relevo planificado. Cada negocio que cierra no solo destruye empleo: también reduce servicios, oportunidades y posibilidades de arraigo.
Y es que una empresa no es solo una empresa. Es el bar donde se reúne la gente, el taller que da trabajo a varias familias, la tienda que evita desplazamientos de kilómetros o la pequeña industria que fija población. Cuando desaparecen estos negocios, el problema trasciende lo económico. Se debilita la vida social, se pierde dinamismo y se dificulta enormemente que los jóvenes puedan construir un futuro en esos territorios.
Por eso es fundamental impulsar una nueva cultura del relevo empresarial. Debemos facilitar mecanismos para conectar a empresarios, como el asociacionismo que llevamos por bandera en CEAJE. Debemos eliminar trabas administrativas y generar incentivos para que asumir negocios ya existentes sea también una opción atractiva para la juventud empresaria.
A veces hablamos mucho de emprendimiento sin darnos cuenta de que emprender también puede significar continuar. Este relevo generacional es esencial: no hay barrio sin autónomos, no hay ciudades y pueblos sin pymes, y no hay país sin empresa.
Economía
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