El día que Zapatero confesó su fracaso
El 12 de mayo de 2010, el presidente del Gobierno compareció ante el Congreso de los Diputados para anunciar el mayor recorte social de la democracia: el de los brotes verdes se dio de bruces con la realidad
El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez.
Hay una fecha que debería grabarse a fuego en la memoria de quienes hoy reivindican el legado de José Luis Rodríguez Zapatero como referente socialista: el 12 de mayo de 2010. Ese miércoles, el presidente del Gobierno compareció ante el Congreso de los Diputados para anunciar el mayor recorte social de la democracia. No lo hacía desde la fortaleza de un plan meditado, lo hacía arrodillado ante los mercados, con Bruselas marcándole los tiempos y bajo la amenaza velada de convertirse en la nueva Grecia. Lo que ocurrió en aquella sesión del Congreso no fue política, fue la confesión de alguien que llevaba huyendo de la realidad económica del país desde hacía ya demasiado tiempo.
El diario de sesiones de aquel 12 de mayo recoge con precisión lo que aquella jornada representó para España, el momento en que Europa nos dijo que nuestro presidente no era de fiar. Rajoy, líder de la oposición lo resumió perfectamente: “Lo que nos han venido a decir nuestros principales socios comunitarios es que al señor Rodríguez Zapatero no se le puede dejar solo”. Y tenía razón. El acta del Ecofin de ese fin de semana citaba por su nombre a Portugal y a España por el riesgo que suponían para la zona euro.
Zapatero anunció ese día una reducción del 5% del sueldo de todos los empleados públicos, la congelación de pensiones en 2011, la eliminación de su medida estrella, el cheque-bebé de 2.500 euros, un recorte de 6.045 millones en inversión pública y 600 millones menos en ayuda al desarrollo. Todo ello en un decreto-ley de urgencia que se aprobaría en tres días. El mismo presidente que semanas antes había asegurado que cualquier recorte adicional “pondría en riesgo la incipiente recuperación” firmaba ahora el mayor ajuste de la democracia. No fue una rectificación valiente, ni un cambio de opinión, fue una rendición.
El drama económico español no empezó en mayo de 2010, empezó mucho antes, en la negación sistemática de una realidad que todos veían menos el Gobierno socialista. “Esos desequilibrios se llaman 11,2% de déficit y 20% de desempleo”, esas fueron las palabras de Zapatero después de dos años negando la gravedad de la situación del país aludiendo a los famosos brotes verdes que nadie que no trabajara en Moncloa veía.
Y sus socios de gobierno se tragaron el sapo. Duran i Lleida (CiU) le echó en cara “hacer caso a la absoluta locura que los mercados le han puesto sobre la mesa” y Erkoreka (PNV), tras una intervención repleta de refranes y metáforas, anunció que “estudiaría las propuestas”. Un partido que gobernaba Euskadi, con responsabilidades directas sobre miles de trabajadores golpeados por la crisis, que eligió ponerse de perfil y refugiarse en la retórica antes que pedir cuentas al causante del desastre. En 2010 el PNV era la muleta de Zapatero y en 2026 lo es de Sánchez, hay cosas que pese a los años no cambian por muy mal que ejerza el poder el socialismo.
Desde que empezó la crisis de la subprime hasta que Zapatero tomó las primeras medidas pasaron dos años y su resultado lo acabaron pagando las clases medias, los jubilados y los recién titulados. Cuando Zapatero dejó el poder en diciembre de 2011 el paro rozaba los 5 millones de personas. Una generación entera expulsada del mercado laboral o empujada a emigrar. El mayor desastre social de la España democrática, con un Gobierno que lo había negado, retrasado y agravado en cada decisión que había tomado o más bien, dejado de tomar.
Y así, un año después de aquel recorte histórico, miles de ciudadanos indignados tomaron las plazas de España bajo el movimiento 15M, con Zapatero todavía de presidente y sin la legitimidad de estar actuando al contrario de lo que siempre había prometido. El 15M fue la consecuencia directa de la gestión del PSOE. Quienes digan que también apuntaba al PP olvidan que, en mayo de 2011, el presidente era Zapatero desde hacía siete años, el mismo que había prometido e incumplido cada una de sus promesas.
Una generación que había crecido bajo la promesa del estado de bienestar ampliado, de los derechos sociales como conquista irreversible, de una España que “iba bien”, se encontró de golpe con el paro masivo, los desahucios, los recortes y la sensación de haber sido engañada. Y efectivamente, es que habían sido engañados. La indignación no cayó del cielo, fue sembrada durante años de política económica irresponsable, de negación de la realidad y de un ajuste brutal impuesto desde fuera que demostró que el Gobierno había perdido el control mucho antes de reconocerlo.
Que hoy algunos reivindiquen a Zapatero como referente es, precisamente, el tipo de amnesia colectiva que permite repetir los errores del pasado.
La próxima vez que alguien defienda el legado económico de Zapatero, recuérdale el 12 de mayo de 2010. Recuérdale el 11,2% de déficit y el 20% de paro. Recuérdale los recortes que cayeron sobre pensionistas, funcionarios, familias y clases medias.
España pagó cara aquella dejadez. Y lo peor no es que ocurriera, lo peor es que haya quien quiera volver a empezar.