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Nuestra pelea

Los empresarios afrontan retos comunes que exigen unidad, menos burocracia, seguridad jurídica y diálogo con las administraciones para facilitar el emprendimiento, garantizar el relevo generacional y construir un entorno favorable al crecimiento

Los retos comunes del empresario necesitan resolverse unidos

Los retos comunes del empresario necesitan resolverse unidosMaskot

Hay una idea que se confirma cada vez que hablo con empresarios de cualquier punto de España: los grandes desafíos nunca se resuelven en solitario. Cada empresa tiene su propia realidad, pero existen problemas que afectan a todos y que solo pueden afrontarse desde una posición común.

Ese es el verdadero sentido de las organizaciones empresariales. No se trata únicamente de representar a un colectivo, sino de convertir experiencias individuales en propuestas capaces de mejorar el entorno en el que desarrollamos nuestra actividad. Cuando actuamos unidos, nuestra voz tiene más capacidad para influir y para impulsar cambios que benefician al conjunto del tejido empresarial. Hoy esa unidad es más necesaria que nunca.

Quien decide emprender se encuentra con demasiadas dificultades desde el primer día. La burocracia sigue ocupando un tiempo que debería destinarse a hacer crecer el negocio y la inseguridad jurídica obliga a muchos empresarios a tomar decisiones sin la estabilidad que cualquier proyecto necesita. A eso se suma una presión fiscal que, en demasiadas ocasiones, reduce la capacidad de invertir y seguir creciendo.

Necesitamos que emprender sea más sencillo. No hablamos de ventajas ni de privilegios, sino de crear un marco que facilite la actividad empresarial y permita dedicar el esfuerzo a aquello que realmente aporta valor: desarrollar una idea, generar empleo y hacer crecer una empresa.

Otro de los grandes retos de nuestro país es el relevo generacional. Durante años lo hemos identificado casi exclusivamente con la continuidad de las empresas familiares, cuando la realidad es mucho más amplia. Cada negocio cuyo propietario alcanza la jubilación puede encontrar continuidad en un joven empresario dispuesto a darle una nueva etapa. Eso significa mantener puestos de trabajo, conservar la actividad económica y evitar que desaparezcan empresas que forman parte de la historia de muchos municipios.

La juventud empresaria tiene mucho que aportar en ese proceso. No se trata de romper con el pasado, sino de aprovechar el legado existente para adaptarlo a una economía que evoluciona constantemente.

Para avanzar en esa dirección también es imprescindible fortalecer el diálogo entre las administraciones y las organizaciones empresariales. Quienes diseñan las políticas públicas necesitan conocer de primera mano la realidad que viven las empresas. Escuchar al tejido empresarial no es una concesión; es la mejor manera de construir medidas útiles y eficaces.

Estoy convencido de que ese es el camino. Cuando las organizaciones empresariales trabajamos de forma coordinada, dejamos de defender únicamente los intereses de nuestros asociados para contribuir a un objetivo mucho mayor: conseguir un entorno donde crear una empresa resulte más fácil, donde crecer no suponga una carrera de obstáculos y donde quienes deciden emprender encuentren, por fin, una Administración que camine a su lado y no delante de ellos.

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