26 de Febrero de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez

Un año de pandemia, de errores, de falsedades y de negligencias del Gobierno

Pedro Sánchez ha dedicado más esfuerzos a proteger su lamentable gestión y a profundizar en su rumbo ideológico que a atender la mayor emergencia de la historia reciente.

| ESdiario Editorial

 

 

Hace ahora un año se detectó el primer caso de enfermo por coronavirus en España, un turista alemán alojado en Canarias. Y también es el aniversario del primer diagnóstico del Gobierno, expresado por Fernando Simón con una frase que resume a la perfección la terrible mezcla de errores, falsedades y negligencias que España ha padecido desde entonces.

Aquel pronóstico del portavoz oficial de la pandemia, según el cual el país sólo sufriría "casos aislados", no solo fue un error clamoroso de diagnóstico; sino un acto de negligencia extrema fácil de demostrar con la ingente documentación probatoria, conocida desde entonces, de que el Gobierno recibió una veintena de avisos concluyentes que desechó de manera incomprensible.

 

Todo lo que no se hizo antes del 8 de marzo, a pesar de las advertencias, explica los mayores estragos sufridos por España desde entonces, resumidos en una de las mayores -y más ocultadas- mortalidades del mundo y la peor recesión económica del planeta junto a la de Argentina.

El Gobierno falló en la previsión y falla en la gestión: su único plan es tapar la huella de su irresponsabilidad extrema

La existencia del virus no es culpa del Gobierno, pero la responsabilidad sobre la dimensión de sus efectos sí lo es. Y la evidencia de que en España han sido muy superiores a las de su entorno debería ser suficiente para auditar la gestión previa desde un verdadero Comité de Expertos, cuando no desde una investigación parlamentaria y judicial.

Un futuro intolerable

Que a todo ello se haya negado el Gobierno, mientras se dotaba de reiterados estados de alarma más destinados a proteger su opacidad que a atender una pandemia de la que ha desaparecido, es la mayor prueba de la mala conciencia y del temor asentados en Moncloa.

Tras todo ese horror, la virulencia de la tercera ola, la parálisis de la vacunación y la insolvente hoja de ruta económica e ideológica en marcha; añaden al dolor previo una incertidumbre insoportable ha pasado un año, pero la luz al final del túnel no termina de divisarse. Y eso, simplemente, es intolerable