17 de Abril de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Iglesias, Montero y Belarra

Cuando el primer trabajo de alguien es ser ministro, algo serio falla en España

El Gobierno está plagado de ministros sin experiencia alguna, como Ione Belarra o Irene Montero, cuyo único "mérito" es la ciega lealtad a un líder con nula trayectoria también.

| ESdiario Editorial

 

Ione Belarra es desde hace unas horas ministra del Reino de España y responsable, nada menos, de la llamada Agenda 2030, dirigida a planificar el país para la próxima década. Es el reto de una joven sin experiencia, sin ningún trabajo conocido fuera de la política y cuyo único mérito aparente es su cercanía política y personal, íntima, con Pablo Iglesias e Irene Montero.

De la ministra de Igualdad puede decirse lo mismo: todas sus ocupaciones remuneradas proceden del ámbito político, al que llego sin haber cotizado nunca, de manera estable, en alguna empresa privada: ambas maquillan su nula experiencia inflando sus currículos académicos y sustituyendo su galopante falta de referencias con vagas apelaciones a sus tareas en movimientos sociales, como si la vinculación a éstos fuera en sí misma un oficio.

 

Quizá ambas tengan una edad insuficiente para haberse larvado una carrera profesional previa compatible con sus funciones políticas y sus antecedentes "sociales" y a nadie, con apenas 30 años, le hubiera dado tiempo tampoco a modelar además un historial de experiencias respetable. Pero eso es, en sí mismo, probatorio de lo inadecuado de sus nombramientos.

Porque no se puede gestionar un país e inmensos presupuestos sin un bagaje personal que o bien dan los años o bien lo hacen los esfuerzos, indiciarios de una trayectoria laboral y personal imprescindible para entender los verdaderos problemas de un país y gestionarlos con algo de altura.

No se debería ser ministro de España sin haber tenido otra ocupación en la vida que la vinculación a un partido político

De Alberto Garzón y del propio Pablo Iglesias puede decirse algo similar. Ambos proceden del ámbito universitario, donde tampoco hicieron grandes carreras. Y los trabajos del líder de Podemos en televisión o han sido ocasionales o, en todo caso, están relacionados con la vida política: desconocen cómo se trabaja en una empresa privada, qué es un pequeño comercio, cómo funciona una pyme y, en general, cualquier atisbo de la economía real.

Solo la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, y el de Universidades, Manuel Castells, acumulan algo de trayectoria profesional en Podemos, la primera como abogada y el segundo como universitario, aunque a éste de poco parece haberle servido a tenor de las insensateces que suele proferir sobre el sector que dirige.

No solo en Podemos

Seguramente en el PSOE y en otros partidos ocurre algo igual, y el propio Pedro Sánchez es un ejemplo de ello: la funcionarización de la política desde muy jóvenes es un problema no menor, pues convierte un servicio público efímero por definición en un destino fijo, resta talento y experiencia para ejercerlos y convierte a los políticos en unos meros subordinados de quien hace las listas, y tiene con ello su futuro personal en sus manos.

La exigencia laboral que soporta la población en general, tanto para acceder a un trabajo cuanto para mantenerlo, contrasta poderosamente con la eliminación del mérito y la capacidad como ingredientes básicos del servicio público: aquí ya basta con el seguidismo más bochornoso para alzarse con encargos de alto nivel para el que, simplemente, no están preparados.