| 21 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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María Jesús Montero
María Jesús Montero

Sánchez hipoteca el futuro de España para sobrevivir hasta 2023

Los Presupuestos del Estado son un desesperado intento de Sánchez de garantizarse a cualquier precio el apoyo independentista y de lograr el voto de funcionarios y pensionistas.

| ESdiario Editorial

 

El Gobierno ha concretado la letra pequeña de su anteproyecto de Presupuestos Generales del Estado, confirmando los peores presagios que ya anticipaba su aprobación en el Consejo de Ministros de la semana.

Parten de una premisa falsa de crecimiento y recaudación para, con una subida fiscal histórica en ciernes y un dinero ajeno procedente de Europa, pagarse una larga campaña electoral, garantizarse el respaldo de sus socios independentistas y dejar al país esquilmado cuando, en 2023, el resto de países europeos hayan salido de la crisis y Bruselas y el Banco Central Europeo vuelvan a aplicar las reglas del déficit.

Resulta insólito que Sánchez ignore las indicaciones del FMI, la OCDE, Bruselas, el Banco de España o el INE y diseñe unas cuentas sustentadas en un crecimiento económico inflado y además ajeno a su política: el que haya será a pesar de él, por el tesón de las pequeñas empresas españolas que, a pesar de las subidas fiscales y de la luz en marcha, generarán empleo y riqueza con esfuerzo y dificultades máximas.

 

Y roza el escándalo que el fruto de ese sacrificio y del inmenso esfuerzo fiscal que ya hacen los españoles, entre los cinco mayores del mundo, no se dedique a reconstruir el modelo productivo el país; sino a pagar las letras, deudas y expectativas electorales de Sánchez.

El Gobierno hipoteca el futuro de España para intentar revertir el profundo deterioro electoral de Pedro Sánchez

Porque de un lado, los PGE buscan a la desesperada el apoyo del nacionalismo, duplicando casi la inversión per cápita en Cataluña con respecto a Madrid o Andalucía, las grandes damnificadas por un Gobierno sectario que no perdona el color de los gobiernos de ambas comunidades.

Pensionistas y funcionarios

Y de otro, abonan el clientelismo electoral gastando lo que no se tiene en pensiones y funcionarios, cuyo coste ya supera el 25% del PIB de un país con un 119% de deuda, un déficit estructural desmedido y unas rentas medias. El guiño a los jóvenes, con subvenciones inanes en lugar de con trabajos dignos, remata esa estrategia irrespetuosa con la situación de España y con su población, a la que cree poder comprar con minucias.

El contraste entre lo que Sánchez hace y lo que necesita España es abrumador. Y el coste a futuro de costear sus necesidades políticas presentes, terrible. Cuando más debía pensar el Gobierno en las generaciones, más hipoteca el futuro del país para ganarse, artificialmente, algo de oxigeno antes de volver a las urnas.