| 27 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Ayuso, entre Iglesias y Sánchez
Ayuso, entre Iglesias y Sánchez

La sucia campaña de Iglesias y de Moncloa contra Ayuso... y contra Madrid

Es inadmisible el tono que Podemos y el Gobierno han puesto a la campaña de 4M para derribar a Ayuso, una tarea que les ocupa desde hace años y que incluye dañar a Madrid.

| ESdiario Editorial

 

 

Pablo Iglesias ha iniciado su precampaña electoral utilizando su puesto en el Gobierno del que, a más tardar, deberá salir la próxima semana, al estar expresamente prohibido por la Ley Electoral madrileña que cualquier miembro del Ejecutivo sea candidato autonómico al mismo tiempo. Con ello acabará su competencia desleal, bastante bochornosa, pero además aclarará de una vez si su salto a Madrid es definitivo.

Porque no tendría sentido que dejara el Gobierno y, sin embargo, mantuviera su acta como diputado, salvo que su intención sea volverse al Congreso, sin recoger su acta autonómica, una vez haya intentado salvar los muebles de Podemos y quede claro que sus opciones de gobernar son nulas, como indican los sondeos.

La utilización del cargo institucional y su resistencia a dimitir de todos ellos rápido y a la vez son los primeros indicios, contundentes, del tipo de campaña que va a protagonizar el líder nacional de Podemos, con la inefable ayuda de todo el Gobierno en su acoso ya endémico a Isabel Díaz Ayuso, en su caso para auxiliar al socialista Ángel Gabilondo.

 

Que la misma portavoz, María Jesús Montero, que defendió hace escasas semanas las Elecciones en Cataluña y la designación como candidato del ministro de Sanidad, en plena pandemia, ataque al PP por celebrar comicios; prueba el grado de hipocresía y cinismo que caracteriza al Gabinete sanchista en su conjunto.

Iglesias le añade algo más a todo ello: el lenguaje agresivo, guerracivilista, sectario y demagógico que le hizo célebre hace años y que tuvo que guardar en un cajón al alcanzar el poder y cambiar su estatus político -y personal- para convertirse en todo aquello que repudiaba y extender sus "privilegios de casta" a su propio núcleo familiar.

Iglesias lleva años intentando derribar Madrid. No puede presidirla nunca un dirigente con ese bagaje

Ahora ve en Madrid la ocasión de rejuvenecer, con la credibilidad por los suelos, y prueba de ello son sus reiteradas acusaciones a Ayuso, de quien ha dicho en varias ocasiones que acabará en la "cárcel". Una acusación vil siempre, pero especialmente viniendo de alguien cuyo partido está imputado por varios escándalos y que salva su propio pellejo judicial, de momento, por gozar de aforamiento.

A Iglesias hay que exigirle un respeto mínimo a sus rivales. Y uno máximo a los ciudadanos, que comienza por aclararles si su salto a Madrid es definitivo y le compromete durante toda la legislatura y termina por responder a las grandes incógnitas que sus propios discursos han generado.

Responda, candidato

¿Sigue defendiendo el derecho a autodeterminación de Cataluña o el País Vasco? ¿Quiere hacer de Madrid la avanzadilla de su inocultable plan contra la Constitución y la Corona? ¿Considera "dumping fiscal" el sistema impositivo madrileño? ¿Va a atacar a la enseñanza concertada como ya ha hecho desde su Gobierno?

Todo lo demás que Iglesias haga o diga, carece de interés, más allá del repudio que merece su apuesta por la crispación. Pero estos temas, y alguno más, exigen aclaraciones urgentes: no se puede ni aspirar a ser presidente de la Comunidad de Madrid cuando dedicas buena parte de tus propuestas a derribarla. Y eso es lo que Iglesias lleva años haciendo.