| 10 de Agosto de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Sánchez, en un gesto reflexivo en su escaño de presidente del Gobierno en el Congreso.
Sánchez, en un gesto reflexivo en su escaño de presidente del Gobierno en el Congreso.

El "fuego amigo" arrincona a Sánchez y le empuja a su mayor debilidad desde 2016

Al imparable descrédito entre los españoles, certificado por todas las encuestas, en las últimas horas en Moncloa se han abierto cuatro frentes: Podemos, PNV, ERC y Bildu. Y con el 13-F.

| Javier Ruiz de Vergara España

Posiblemente, desde el 2 de octubre de 2016 cuando dimitió como secretario general del PSOE tras enseñarle los barones la puerta de salida, no vivía Pedro Sánchez un momento tan delicado en su fulgurante carrera política. Cierto es que en aquella ocasión, el ahora presidente vivió el frío del abandono de su escaño, y ahora tiene acomodo en el confortable calor político de la mullida moqueta del Palacio de la Moncloa.

Acosado por las encuestas que dan claras opciones de victoria a la coalición de centroderecha de PP y Vox, con España asolada por la sexta oleada de la pandemia y una economía en la UVI a la espera del maná europeo, a Sánchez y al sanchismo se le han atragantado las uvas del 2022. Todo estaba diseñado para un paseo triunfal pero en La Moncloa y en Ferraz comienza a hacerse insoportable el hedor a fin de ciclo.


Noqueado y sorprendido, lo que más llama la atención a los dirigentes socialistas consultados por ESdiario es la "imprevisión" de Sánchez a la hora de detectar el hartazgo y las nuevas estrategias electorales de sus propios socios. Porque en esta ocasión han sido sus propios avalistas, la coalición Frankenstein, los que se han plantado para dejar al líder del PSOE en su momento político más debilitado y precario desde aquel 2016.

El BOE ha anunciado este jueves una nueva remodelación del "Ala Oeste" de La Moncloa. Sánchez, en pánico, cree que su problema está en la "política de comunicación". No en su política.

PNV: "Nos toma el pelo"

En estas últimas horas, las rebeliones y los feos se acumulan en el despacho del presidente. "Nos toma el pelo", esgrime el PNV. "Es la última oportunidad", apostilla Pere Aragonés. "Sería surrealista el cese de Garzón", se crece Yolanda Díaz. "No al cien por cien a esta reforma laboral", desafía Arnaldo Otegi.

 

En Moncloa se amontonan las preguntas... y los órdagos de los aliados de Pedro Sánchez.

 


Sin duda, ha sido la amenaza del partido de Íñigo Urkullu de romper su pacto y dejar tirado al PSOE si no se traspasa el Ingreso Mínimo Vital tal como exigen los vascos, la que más alarma ha desatado en Moncloa. Hasta el punto que el apagafuegos Félix Bolaños va a levantar el teléfono en las próximas horas. Ha recibido la orden de presidente de apagar cuando antes ese incendio y calmar los ánimos del PNV.

ERC y la "segunda oportunidad"

También conscientes en Esquerra de la extrema debilidad de Sánchez, Pere Aragonés se atrevió este miércoles a amenazarle en el mismo Madrid y públicamente. "No habrá segunda oportunidad de arreglar el conflicto", esgrimió el presidente catalán harto de los engaños y dilaciones de Sánchez con la mesa bilateral que prometió para salvar su investidura.

Y este jueves ha clavado un nuevo clavo en el ataud político del presidente al adverirle de que llegan "nuevas mayorías" a España. Y por eso ERC exige al presidente el pago de los compromisos pendientes: la mesa de negociación del referéndum y el "derecho a decidir".

 
"El problema de Sánchez es que nunca ha asumido que gobierna de prestado. Y se conduce como si tuviera mayoría absoluta", explica a este periódico un exdiputado del PSOE purgado por el presidente nada más llegó al cargo. Buena muestra de ello es la reforma laboral y su agónica tramitación con todos los socios de Frankenstein plantados y de uñas. O el decreto de la vuelta de las mascarillas obligatorias en exteriores que no tiene apoyos suficientes para salir adelante.

El pánico generado por esta situación ha obligado al presidente a tomar medidas urgentes. Este mismo jueves, el BOE ha publicado la reestructuración del gabinete de la Presidencia del Gobierno para crear un nuevo órgano que "coordine" la política informativa del Gobierno. Sánchez se apunta así al clásico de echar la culpa del desafecto ciudadano y el hartazgo de sus aliados ... a la comunicación.