| 09 de Diciembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Sánchez cierra su círculo pactado con Junqueras a la espera del referéndum

La derogación del actual delito de sedición es el penúltimo paso de un guión preestablecido que nació en 2019 con el "tenemos que hablar" del líder de Esquerra. Y solamente queda el último.

| Javier Ruiz de Vergara España

De los bandazos y el oportunismo de Pedro Sánchez con la agenda catalana da cuenta lo que recuerdan los dirigentes del PP que negociaron con él la aplicación del artículo 155 que diseñó el gobierno de Mariano Rajoy contra la rebelión de Carles Puigdemont. Hacen hincapié estos negociadores en que Sánchez reclamaba entonces un despliegue institucional aún más contundente y amplio contra el independentismo del que finalmente se aprobó. Era el otro Sánchez.

Quienes conocen las intenciones de Sánchez alertan: aún falta la 'clave de bóveda' de esta gran mascarada: un referéndum en el que solo voten los catalanes. La guinda del pastel que anhela Junqueras tras deshacerse de los “hooligans” de Junts.

Sin embargo, este viernes, el Sánchez presidente ha comenzado a cerrar el círculo a su enésima autoenmienda para terminar de recorrer un camino que comenzó cuando Oriol Junqueras se acercó -en la sesión constitutiva de las Cortes Generales tras el 10N de 2019- a su recién estrenado escaño de presidente del Gobierno y le espetó aquel premonitorio "tenemos que hablar".

En realidad, en este dosier Cataluña, Sánchez ha ido dando pasos y moviendo fichas compliendo un guión preestablecido con escasas concesiones a la improvisación. La foto de PSOE y Unidas Podemos registrando la iniciativa parlamentaria en el Congreso para derogar la sedición es el penúltimo escalón. Para muchos, en ningún caso el último.

Así, el Gobierno comenzó por lo más básico en las exigencias de Junqueras a cambio de la investidura del líder del PSOE de la que esta semana se cumplen tres años: el traslado a cárceles catalanas bajo la gestión de la Generalitat. Del trato de favor a los golpistas del 1-O hay mucho escrito.

 

El antes y el después del plan de Sánchez: el día que trató de tú a tú al independentismo con la cumbre bilateral con Quim Torra en la Generalitat.

 

Luego llego el segundo grado y la salida a la calle, sin la oposición de la Fiscalía General del Estado, entonces bajo el mando de Dolores Delgado. Y finalmente los indultos sin el menor obstáculo y desoyendo el dictamen del Tribunal Supremo. Ni siquiera tuvieron Junqueras, los Jordiscompañía que pedir perdón.

La siguiente cesión de Sánchez estuvo relacionada con la política de gestos. Así que el presidente se plantó en el Palau de la Generalitat en una cumbre con Quim Torra con la escenografía de una cumbre bilateral internacional. Y un globo sonda que provoco un auténtico escandalazo: la del relator o mediador extranjero para resolver el “conflicto político” entre Cataluña y España.

En realidad, en este dosier Cataluña, Sánchez ha ido dando pasos y moviendo fichas compliendo un guion preestablecido con escasas concesiones a la improvisación.

Y posteriormente, fruto de las necesidades de unos y otros -los Presupuestos Generales de 2021  y 2022- llego la Mesa Bilateral, la vista gorda sobre el castellano en las escuelas, las millonarias partidas para Cataluña discriminando a la Comunidad de Madrid o las maniobras en el Tribunal de Cuentas sobre las fianzas del procés.

 

Con la sedición, en palabras del propio Pere Aragonés, se da el paso definitivo para la “desjudializacion”. Lo que el PP llama en estas horas la “humillación del Estado” y Vox la “traicion”.

Pero quienes conocen las intenciones de Sánchez alertan: aún falta la clave de bóveda de esta gran mascarada, un referéndum en el que solo voten los catalanes. La guinda del pastel que anhela Oriol Junqueras tras deshacerse de los “hooligans” de Junts y su vía unilateral.