Zuckerberg, ante el juicio que puede convertir a Meta en el “Big Tobacco” de las redes sociales
El fundador de Meta declara durante más de tres horas en California por el presunto impacto de Instagram en la salud mental de menores. Documentos internos sobre objetivos de uso y millones de niños en la plataforma colocan el modelo de negocio bajo el foco judicial.

Mark Zuckerberg
Mark Zuckerberg se sentó durante más de tres horas ante un tribunal en California en un proceso que ya es considerado uno de los más relevantes del año para la industria tecnológica. El máximo responsable de Meta Platforms defendió la gestión de Instagram y Facebook frente a las acusaciones de haber contribuido al deterioro de la salud mental de adolescentes.
El litigio, que también alcanza a Google como propietaria de YouTube, parte de la denuncia de una joven de 20 años que sostiene que el uso intensivo de estas aplicaciones cuando era menor influyó en el desarrollo de ideas depresivas y suicidas. Su identidad permanece bajo reserva.
En su declaración, Zuckerberg rechazó cualquier responsabilidad directa y aseguró que Instagram “jamás ha autorizado el acceso a menores de 13 años”. Atribuyó la presencia de niños en la plataforma a quienes falsean su edad al registrarse. Sin embargo, la parte acusadora presentó un informe interno que estimaba que alrededor de cuatro millones de perfiles en Estados Unidos pertenecían a menores por debajo de esa edad mínima.
El proceso ha puesto el foco no solo en posibles daños individuales, sino en la arquitectura misma del producto. Correos internos y documentos corporativos exhibidos en sala fijaban metas concretas para elevar el promedio de uso diario en Instagram: 40 minutos en 2023 y 46 minutos en 2026. Aunque Zuckerberg negó que ampliar el tiempo de uso fuera un objetivo formal, explicó que se trataba de métricas internas para medir competitividad frente a otras aplicaciones.
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Esa discrepancia entre el mensaje público y los KPI internos ha alimentado una analogía que ya circula entre analistas y juristas: el caso podría convertirse en el “Big Tobacco” de las redes sociales. La cuestión de fondo es si el diseño de las plataformas (algoritmos de recomendación, notificaciones constantes, filtros estéticos y sistemas de recompensas) priorizó el engagement por encima del bienestar de los usuarios más jóvenes.
Uno de los puntos más sensibles del juicio ha sido el debate sobre los filtros asociados a cirugía cosmética. Aunque la empresa los prohibió temporalmente, posteriormente levantó la restricción al considerar que limitar su uso podía resultar “paternalista”. Zuckerberg defendió la libre expresión incluso frente a advertencias de especialistas que alertaban sobre posibles efectos adversos en la autoestima y la salud mental adolescente.
El contexto regulatorio añade presión. Diversos países, entre ellos España, estudian endurecer las condiciones de acceso de menores a redes sociales. En Estados Unidos, este procedimiento podría sentar precedente para cerca de 1.500 reclamaciones similares contra compañías tecnológicas.
Más allá del veredicto concreto, el juicio abre una discusión estructural sobre el modelo de negocio digital. Si los tribunales concluyen que el diseño fomentó conductas adictivas, podrían imponerse límites a mecanismos clave como las recomendaciones algorítmicas o las notificaciones, pilares del mercado publicitario online.
Mientras tanto, Instagram continúa siendo una herramienta esencial para marcas y creadores. Pero la pregunta ya está sobre la mesa: ¿puede sostenerse un crecimiento basado en maximizar el tiempo de permanencia en un entorno cada vez más exigente en materia de protección de menores y responsabilidad digital?