ORIENTE MEDIO
Irán propone negociar con Trump en plena crisis regional
Irán ha enviado señales de apertura hacia Estados Unidos, dispuesta a negociar directamente con Donald Trump, mientras la región se encuentra en alerta máxima por los recientes enfrentamientos y la escalada de sanciones que han tensionado la política, la economía y la seguridad en Oriente Medio.

EEUU e Irán banderas
El Gobierno de Irán ha transmitido su voluntad de abrir un proceso de negociación con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en un contexto de fuerte tensión política, militar y económica entre ambos países. La Casa Blanca ha confirmado que el mandatario estadounidense está dispuesto a explorar la vía diplomática, aunque evitó precisar plazos, formato o condiciones concretas para el eventual inicio de las conversaciones.
La posibilidad de un acercamiento marca un punto de inflexión en una relación caracterizada durante años por la confrontación abierta, la presión económica y la ausencia de canales diplomáticos formales. Según fuentes diplomáticas citadas por medios internacionales, Teherán habría enviado señales indirectas de apertura, con el objetivo de evaluar si existen condiciones mínimas para retomar un diálogo estructurado.
Una diplomacia condicionada por la presión
Desde Washington, la respuesta ha sido prudente. Trump señaló que su administración está “dispuesta a escuchar”, pero reiteró que cualquier acuerdo deberá incluir garantías firmes sobre el programa nuclear iraní y el comportamiento regional de Teherán. El presidente ha insistido en que las sanciones económicas impuestas a Irán seguirán vigentes hasta que existan compromisos verificables y medibles.
Fuentes cercanas al Ejecutivo estadounidense han indicado que la Casa Blanca no descarta conversaciones indirectas a través de mediadores internacionales, una fórmula ya utilizada en el pasado cuando las relaciones diplomáticas formales estaban congeladas.
Por su parte, autoridades iraníes como Seyed Abbas Araghchi han defendido desde principios de 2026 que cualquier negociación debe basarse en el “respeto mutuo” y en el levantamiento gradual de las restricciones económicas que pesan sobre su economía. Las sanciones estadounidenses han afectado especialmente al sector petrolero, bancario e industrial, generando una presión interna considerable.

Seyed Abbas Araghchi / Getty Images
Contexto
La rivalidad entre Irán y Estados Unidos comenzó tras la Revolución Islámica de 1979, cuando la caída del sah —aliado de Washington— dio paso a un régimen abiertamente crítico con la influencia estadounidense en Oriente Medio. La crisis de los rehenes en la embajada estadounidense en Teherán selló una ruptura diplomática que marcó el inicio de décadas de desconfianza, sanciones y enfrentamientos indirectos en distintos escenarios regionales.
El conflicto se ha intensificado a comienzos del siglo XXI con el desarrollo del programa nuclear iraní. Tras años de negociaciones, en 2015 se firmó el Plan de Acción Integral Conjunto, que limitaba el enriquecimiento de uranio a cambio del levantamiento de sanciones. Sin embargo, la retirada de Estados Unidos del acuerdo en 2018, bajo la presidencia de Donald Trump, ha reactivado las sanciones económicas y desencadenó una nueva espiral de tensiones, con Irán reduciendo progresivamente sus compromisos nucleares.

Plan de Acción Integral Conjunto
El avance del programa nuclear iraní, sumado a la fragilidad de Oriente Medio y al impacto global que tendría un conflicto abierto, ha llevado a ambas partes al punto actual.
Eventual negociación
Si se concreta un proceso formal de negociación entre Irán y Donald Trump, los principales temas sobre la mesa serían el programa nuclear iraní, con posibles límites al enriquecimiento de uranio y mecanismos de supervisión internacional más estrictos, siguiendo las pautas de la Agencia Internacional de Energía Atómica; el levantamiento progresivo de sanciones económicas, condicionado a avances verificables; y la seguridad regional, incluyendo el papel de Irán en conflictos y alianzas estratégicas en Oriente Medio.
Analistas consultados por medios como Reuters y AP han señalado que el margen de maniobra para ambas partes es estrecho. Trump enfrenta presiones internas para mantener una postura firme frente a Irán, mientras que el liderazgo iraní debe equilibrar la necesidad de alivio económico con la defensa de su soberanía y legitimidad política.
Comunicados oficiales de la Casa Blanca, la Unión Europea y la IAEA han destacado que cualquier acuerdo requerirá compromisos claros, verificables y sostenibles para evitar un retroceso que agrave la tensión regional.
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Reacciones internacionales
La posible negociación entre Irán y Donald Trump ha generado distintas respuestas entre los principales actores regionales y europeos. Arabia Saudí, tradicional rival de Teherán, ha mostrado cautela y ha enfatizado que cualquier acuerdo debe abordar no solo el programa nuclear iraní, sino también su influencia en conflictos regionales.
Riad ha subrayado que la seguridad del Golfo y la protección de las rutas energéticas son prioridades estratégicas que no pueden quedar al margen de las conversaciones.
Por su parte, Emiratos Árabes Unidos ha pedido “moderación y diálogo responsable”, destacando la necesidad de establecer mecanismos verificables que garanticen la estabilidad regional. Abu Dabi ha reforzado su perfil diplomático pragmático, enfatizando la importancia de evitar una escalada militar que afecte al comercio y a la seguridad financiera del Golfo.
Kuwait, por su parte, ha adoptado un papel conciliador. El gobierno kuwaití ha apoyado públicamente cualquier iniciativa que reduzca tensiones y ha insistido en que el diálogo es la vía más segura para prevenir un conflicto que podría tener graves consecuencias para los pequeños Estados de la región, tanto en términos de seguridad como de economía.
En Europa, Francia, Alemania y el Reino Unido han emitido declaraciones conjuntas condenando las acciones militares de Irán y llamando a Teherán a retomar la vía diplomática. Aunque no participaron directamente en ataques, los líderes europeos han destacado la coordinación con Washington para gestionar la crisis y subrayaron que la seguridad regional y la protección de civiles son prioridades.
Macron y Merz han insistido en que la diplomacia debe prevalecer, mientras la Unión Europea urgió a todas las partes a actuar con moderación y respeto al derecho internacional.
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