| 24 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Arturo Valls
Arturo Valls

El horario pre late-night castiga a la segunda entrega de "Mask Singer"

El estreno del programa presentado por Arturo Valls se ha dejado por el camino a 1.600.000 espectadores respecto al primer arranque, en beneficio del cambió de velada de "Conexión Honduras".

| Milagros Martín-Lunas Medios

 

 

No pudo ser, el estreno de Mask Singer no sedujo al público como se esperaba. Si en su primera edición se convirtió en el programa revelación de la temporada cuyas ocho entregas sentaron frente al televisor a una media de 2.300.000 personas de media, lo que supuso que todas las entregas rebasaron el 20% de share, anoche el arranque se quedó en un 16,7% de cuota de pantalla, lo que significa que algo más de dos millones de espectadores estaban pendientes de las nuevas máscaras a las 23.00 horas, en el momento que arrancó el programa.

 

El estreno de Mask Singer 2 se ha dejado por el camino a 1.600.000 espectadores respecto al primer arranque. Todo en beneficio del cambio de velada de Conexión Honduras, la ex gala dominguera de Supervivientes. Ni La Toya Jackson, metida por un día en la piel de la Menina pudo solventar el envite de Mediaset.

La primera lectura, tras un vistazo rápido, se me antoja fácil, a los directivos de la cadena de Fuencarral les ha salido bien el cambio de cromos de la parrilla. No digo yo que no sea cierto, pero desde mi humilde chaise longe mi análisis va mucho más allá.

No cabe duda, la parrilla televisiva andaba escasa de programas familiares, de los de antes, de los que reunían a toda la familia en torno a la televisión. No cabe duda de que esta ha sido una de las grandes bazas del gran éxito de Mask Singer. Sus datos de audiencia desencadenaron una renovación rápida por parte de la cadena. No cabe duda de que la productora de moda, Fremantle, se ha aplicado en la nueva entrega añadiendo máscaras al concurso (de 12 pasan a 15) y otorgándole más vistosidad que a las de la primera entrega. Además, el concurso aterriza con novedades como el premio al mejor investigador, que se llevará a casa los prismáticos de oro; la máscara digital a la que han bautizado Dama Centella, dirigida a los investigadores-espectadores de Atresplayer y una doble expulsión a partir de la tercera gala. Las tres primeras solo sirven como presentación de las máscaras y en cada una de ellas se desvelará la identidad de uno de los famosos.

No cabe duda de que la segunda edición de Mask Singer empezó muy, pero que muy fuerte. Nadie podía imaginar que detrás de la Menina se ocultaba la mismísima La Toya Jackson. Y eso que las redes envidaron a la grande. Viendo que no hablaba nada de español, los tuiteros oscilaron entre Kylie Minogue, Salma Hayeck, Eva Longoria, incluso, sonó el nombre de Elsa Pataky. Todas las apuestas se basaban en la escasa altura de la Menina. Por su parte, los investigadores pulularon entre Natalie Portman, Sharon Stone, Jane Fonda y Victoria Abril. Ya ven, ni el bombardeo publicitario, ni el plantón técnico del lunes anterior, ni siquiera la hermanísima de Michael Jackson pudo con la isla.

La Toya Jackson

Si algo caracteriza a Mask Singer es que es un programa para ver en familia, para apostar en casa. Mayores y pequeños. Lo sé, las redes han sustituido esta costumbre de comentar los programas, ahora lo hacemos a través de las pantallas, vemos la tele acompañados por otra pantalla entre las manos. Según un informe de Barlovento, el pasado mes de marzo los programas de entretenimiento agruparon el 61,1% de los tuits, seguidos de los de información que obtuvieron el 15,6% del total analizado. Ahí es nada. Hoy vemos la tele con dos pantallas, con la intención de comentar la jugada. No hay nada inventado es algo que hemos hecho toda la vida, pero en el salón de casa.

Si una cadena apuesta en su prime time por un programa familiar, no es de recibo que arranque a las 23.00 horas de la noche y mucho menos que haya que esperar a la una de la madrugada para descubrir quien es el famoso que está detrás de la máscara. No son horas para un programa familiar. Tan sencillo como eso. Concretamente, al adolescente que vive conmigo el apagón televisivo obligatorio que impuse le sentó como una patada en la boca del estómago. Se fue a dormir refunfuñando. No son horas, señores y esa audiencia no sólo suma sino que es la que estaban buscando desde que nació el proyecto.

Desde mi humilde opinión, el problema no radica en esta segunda entrega de Mask Singer, el problema radica en la parrilla de Antena 3, que, de lunes a jueves, de 21.45 a 23 horas emite El hormiguero, un talk show que va como un tiro, pero que cautiva al resto de la programación. Un programa casero, blanco, divertido que invita a jugar en casa y apostar en familia, no puede arrancar a las once de la noche y, mucho menos, concluir de madrugada. No puede ser un programa pre late night. De hecho, recuerdo que la promesa que se hizo con el estreno de la primera entrega fue que cada entrega terminaría al filo de las 12 de la madrugada, promesa que se incumplió a partir de la segunda entrega.

"Mask Singer pone en el centro al espectador, puesto que comienza a jugar desde casa a la vez que los investigadores. Es una reivindicación de la televisión en directo, tienes que ver Mask Singer cuando se emite porque si no te quedas fuera de la conversación social", confesaba Carmen Ferreiro, responsable de entrenamiento de Atresmedia, el día del estreno.

El caso es que no se puede estar al plato y a la tajá, como dice el refranero español que es muy sabio. Si quieres seducir al espectador en directo con un programa familiar no te queda otra que otorgarle un horario familiar. Como prueba no hay nada más que ver los datos de audiencias de La voz Kids. Claro que el talent arranca a las 22.00 horas puesto que los viernes no se emite El hormiguero. Igual sería cuestión de darle la vuelta a la parrilla. Lo cierto es que el que no arriesga no gana.