La siniestralidad vial baja, pero las carreteras secundarias siguen siendo el gran punto negro
El balance provisional de la siniestralidad vial en 2025 deja un dato esperanzador: menos víctimas mortales en las carreteras españolas pese al aumento de la movilidad. Una tendencia positiva que confirma los avances en seguridad vial, aunque el RACE vuelve a señalar a las carreteras secundarias como el principal foco de preocupación.

siniestralidad vial
El balance provisional de siniestralidad vial correspondiente a 2025 confirma una evolución favorable de la seguridad en las carreteras españolas. El número de víctimas mortales se ha reducido con respecto al año anterior, un dato que refuerza la idea de que las políticas públicas, la implicación del sector privado, la mejora tecnológica de los vehículos y una mayor concienciación social están contribuyendo de manera efectiva a salvar vidas, incluso en un escenario marcado por el aumento de la movilidad.
Y es que el incremento de los desplazamientos registrado durante el último año otorga aún más valor a esta tendencia positiva. Sin embargo, el análisis detallado de los datos vuelve a poner sobre la mesa un problema estructural que se repite ejercicio tras ejercicio: las carreteras secundarias continúan concentrando la mayor parte de los accidentes mortales. De hecho, cerca de tres de cada cuatro fallecidos en siniestros viales pierden la vida en este tipo de vías, lo que las consolida como el principal desafío pendiente en materia de seguridad vial.
En cifras concretas, el año pasado fallecieron 1.119 personas en accidentes de tráfico en las carreteras españolas, lo que supone 35 víctimas menos que en 2024, un descenso del 3%, y la segunda cifra más baja desde 1960. Solo el año 2019 registra un mejor dato, si se excluyen 2020 y 2021, ejercicios claramente distorsionados por la drástica caída de los desplazamientos durante la pandemia. Así lo expuso ayer el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, durante la presentación del balance de seguridad vial de 2025 celebrada en la sede de la Dirección General de Tráfico.
Desde la Fundación RACE, que ha analizado estos datos, se insiste en la necesidad de reforzar las actuaciones sobre la red secundaria, con medidas que vayan más allá de campañas puntuales. Mejorar la infraestructura, la señalización, el mantenimiento y la adaptación de estas carreteras a las nuevas condiciones de tráfico resulta, a su juicio, imprescindible para seguir avanzando en la reducción de la siniestralidad.
A pesar de la valoración global positiva, la entidad recuerda que la movilidad y la seguridad vial deben mantenerse como una prioridad en la agenda política. Solo con medidas estables, coordinadas y sostenidas en el tiempo será posible consolidar los avances logrados y evitar retrocesos en un ámbito tan sensible como el de la seguridad en las carreteras.
Las carreteras secundarias, el gran reto pendiente
En este contexto, la reciente aprobación de la Ley de Movilidad Sostenible se presenta como una oportunidad clave para impulsar una planificación más segura, ordenada y eficiente de los desplazamientos. Su correcto desarrollo e implementación, junto con la obligatoriedad de los planes de movilidad, será determinante para seguir reduciendo el número de víctimas en los próximos años.
El balance de 2025 también vuelve a poner el foco en el factor humano. A pesar de los avances normativos y tecnológicos, el no uso del cinturón de seguridad sigue apareciendo en un número inasumible de accidentes mortales. Desde la Fundación RACE se subraya que el cinturón es un elemento esencial de protección y que su utilización debe estar plenamente interiorizada por todos los ocupantes del vehículo, sin excepciones.
Asimismo, los datos confirman la especial vulnerabilidad de determinados colectivos, como los motoristas, lo que refuerza la necesidad de seguir impulsando medidas específicas de formación, concienciación y mejora de la convivencia entre los distintos usuarios de la vía.
En definitiva, la siniestralidad vial en 2025 muestra que el camino emprendido es el correcto, pero también deja claro que no hay margen para la complacencia. El compromiso institucional sigue siendo clave para acelerar la modernización del parque automovilístico, mejorar las infraestructuras y fomentar una cultura de movilidad segura y responsable que permita seguir salvando vidas en las carreteras españolas.