Los aranceles de EE.UU. sacuden al coche europeo y hunde sus márgenes
La guerra comercial impulsada por Washington acelera la crisis de rentabilidad del automóvil europeo, castiga con dureza a Volkswagen y ya deja ejemplos claros como el desplome de beneficios de Mazda.
Coche en una fábrica
La industria automovilística europea encara uno de sus momentos más delicados de los últimos años. A la presión sobre los costes, la transición eléctrica y la competencia china se suma ahora el impacto directo de los aranceles de Estados Unidos, un factor que amenaza con erosionar aún más los márgenes del sector. En este escenario, grupos como Volkswagen aparecen como los más expuestos.
Según un análisis de Scope Ratings, el endurecimiento comercial promovido por Washington llega en un momento especialmente crítico y agrava la debilidad estructural de la industria europea, cuya perspectiva crediticia continúa en negativo.
Un golpe directo a los márgenes del automóvil europeo
La agencia estima que el impacto global sobre los márgenes Ebit del sector se situó entre 100 y 150 puntos básicos en 2025. Una caída relevante en un contexto ya tensionado por la creciente competencia de los fabricantes chinos, que presionan precios y ganan cuota de mercado.
El nuevo arancel del 25% a los vehículos producidos en la Unión Europea introduce, además, una clara desventaja competitiva. Los coches fabricados por marcas europeas en suelo estadounidense quedarían exentos, lo que penaliza a quienes exportan desde Europa.
Volkswagen, en el epicentro del problema
Dentro de este complejo escenario, Volkswagen destaca como uno de los grupos más vulnerables por su limitada capacidad productiva en Estados Unidos.
El gigante alemán, presente en el país con marcas como Audi, Porsche y Volkswagen, ha visto cómo sus ventas en el mercado estadounidense caían un 20% en el primer trimestre de 2026.
Ante esta situación, Audi estudia fabricar en la planta de Chattanooga (Tennessee), donde actualmente se ensamblan el Volkswagen Atlas y el ID.4. El objetivo es esquivar los aranceles y mejorar su posición competitiva tras el fin de la producción del Passat en 2022.
BMW y Mercedes parten con ventaja
Frente a Volkswagen, otros fabricantes europeos cuentan con una mejor posición gracias a su implantación industrial en Norteamérica.
BMW produce cerca de 400.000 vehículos al año en Spartanburg (Carolina del Sur), mientras que Mercedes-Benz dispone de una planta en Tuscaloosa (Alabama) con capacidad para unas 260.000 unidades.
Por su parte, Stellantis mantiene cierta protección gracias a su red industrial en Canadá y México, aunque ya planea reforzar su presencia en Estados Unidos en los próximos años.
Beneficios a la baja y presión en China
El impacto de este entorno adverso ya se refleja en las cuentas de resultados. Los grandes grupos europeos han registrado caídas de beneficios en el primer trimestre, lastrados por menores entregas, la competencia china y las tensiones geopolíticas.
Volkswagen redujo su beneficio un 28,4%, BMW un 23% y Mercedes-Benz un 17,2%. Además, todos ellos sufrieron descensos en China, donde los fabricantes locales siguen ganando terreno.
Como nota positiva, Mercedes-Benz y Stellantis lograron aumentar sus ventas en Estados Unidos, mientras que BMW moderó su caída al 4%, apoyada en una sólida demanda.
Mazda, el aviso más claro del impacto arancelario
El efecto de la política comercial estadounidense no es solo una amenaza teórica: ya está teniendo consecuencias tangibles en la industria global. Un ejemplo claro es Mazda.
El fabricante japonés ha visto cómo su beneficio neto se desplomaba un 69% en su ejercicio fiscal 2026, hasta situarse en apenas 190 millones de euros. La propia compañía reconoce que los aranceles de Estados Unidos han tenido un impacto significativo en su negocio, especialmente por su elevada dependencia de las exportaciones.
El golpe ha sido especialmente duro en el resultado operativo, que cayó un 72%, afectado por un impacto directo de los aranceles superior a 800 millones de euros. Además, su volumen global de ventas descendió un 6,1%, lastrado en parte por la caída en Estados Unidos debido a la reducción de la producción del CX-30 fabricado en México, uno de los modelos más expuestos a la carga arancelaria.
Todo ello en un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica, la volatilidad de las materias primas y los cambios en la estrategia de electrificación.
Excepciones en Europa: Seat, Cupra y Stellantis
No todo el sector ha sufrido por igual. SEAT y Cupra han logrado mejorar sus resultados gracias a factores extraordinarios.
La compañía española elevó su beneficio operativo hasta los 43 millones de euros, un 760% más, impulsada por el control de costes y el fin de los aranceles chinos al Cupra Tavascan.
También Stellantis ha protagonizado una notable recuperación, pasando de pérdidas a un beneficio neto de 377 millones de euros, gracias al aumento de las ventas y a una mejora operativa.
Riesgos añadidos: Oriente Medio y materias primas
Por si fuera poco, el sector se enfrenta a nuevas amenazas en la cadena de suministro. Scope alerta de que las tensiones en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz pueden dificultar el acceso a materias primas clave como el helio o determinados productos petroquímicos.
Un escenario que añade más presión a una industria que ya navega entre la guerra comercial, la transformación tecnológica y una competencia global cada vez más feroz.
En definitiva, el automóvil europeo se adentra en una fase de máxima exigencia, en la que decisiones estratégicas como la localización de la producción o la diversificación de mercados serán determinantes para sobrevivir al nuevo orden económico global.