Lo que nunca deberías dejar dentro del coche en plena ola de calor: con 42 grados puede estropearse o convertirse en un riesgo
Con los avisos de AEMET por temperaturas extremas, medicamentos, móviles, aerosoles y alimentos pueden sufrir alteraciones mucho antes de que el conductor vuelva al vehículo
Aunque estén estacionados parcialmente a la sombra, los vehículos pueden acumular una temperatura elevada en su interior y deteriorar medicamentos, alimentos, aerosoles y dispositivos electrónicos.
Aparcar, cerrar el coche y pensar que todo lo que queda dentro estará protegido es uno de los errores más frecuentes del verano. Este viernes, 31 de julio, la situación exige todavía más prudencia: AEMET mantiene activo un episodio de ola de calor, con temperaturas muy elevadas en el suroeste, el valle del Ebro, las depresiones del nordeste y Canarias, mientras algunas zonas pueden acercarse a los 42 ºC. También se prevén tormentas localmente fuertes en áreas del sistema Ibérico y los Pirineos.
El dato importante no es únicamente el que marca el termómetro en la calle. Un vehículo cerrado y expuesto al sol funciona como un acumulador de energía: la radiación atraviesa los cristales, calienta el salpicadero, los asientos y las superficies interiores, y ese calor queda retenido en el habitáculo. AEMET explica que un parasol puede reducir en más de 40 ºC la temperatura alcanzada por el salpicadero y en más de 10 ºC la del aire interior, una diferencia que permite entender hasta qué punto puede dispararse la temperatura dentro de un coche sin protección.
Un coche aparcado al sol no es un armario ni una despensa: es un espacio sometido a temperaturas extremas. No todos los objetos reaccionan igual, pero algunos pierden estabilidad, otros dejan de funcionar correctamente y unos pocos pueden generar un peligro físico.
Los medicamentos no deben quedarse dentro del coche con 42 grados
La respuesta a si puede utilizarse un medicamento después de haber permanecido horas dentro de un coche no es siempre un sí o un no. Depende del principio activo, de su formulación, de la temperatura alcanzada y del tiempo de exposición. Por eso, ante un fármaco que necesita frío o que presenta cambios de color, textura, olor o consistencia, la decisión prudente es no utilizarlo hasta consultarlo con un farmacéutico.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios recuerda que las condiciones de conservación aparecen en el envase y el prospecto. Algunos tratamientos deben mantenerse siempre entre 2 y 8 ºC; otros establecen límites inferiores a 25 o 30 ºC. Aunque ciertos medicamentos toleren desviaciones puntuales de la temperatura ambiente, la AEMPS advierte expresamente de que no deben permanecer durante mucho tiempo en maleteros o habitáculos expuestos al sol. Para transportarlos aconseja utilizar un embalaje isotérmico adecuado, respetando la cadena de frío cuando sea necesaria y evitando que el producto llegue a congelarse.
La precaución debe ser mayor con insulinas, tratamientos biológicos, supositorios, óvulos, cremas, jarabes y otras presentaciones en las que el calor puede modificar la textura o la distribución del principio activo. Una cápsula aparentemente intacta no garantiza por sí sola que el medicamento conserve sus propiedades.
Los aerosoles pueden convertirse en el mayor riesgo dentro del coche con 42 grados
Un desodorante, una laca, un insecticida o un producto de limpieza en aerosol no se estropea simplemente como podría hacerlo una crema. Su principal problema es que se encuentra dentro de un recipiente presurizado. Cuando aumenta la temperatura, también se eleva la presión interna.
Los propios envases suelen incluir una advertencia clara: deben protegerse de la luz solar y no exponerse a temperaturas superiores a 50 ºC. La normativa europea y española contempla ese umbral porque el calentamiento puede deformar el recipiente, provocar fugas o, en situaciones extremas, causar su rotura. Además, muchos aerosoles contienen componentes inflamables, por lo que nunca deben dejarse cerca del salpicadero, la luneta trasera o cualquier zona que reciba radiación directa.
Esto no significa que todo bote vaya a explotar automáticamente al superar una temperatura determinada. Significa que dejarlo dentro de un vehículo donde el habitáculo puede rebasar ampliamente los 50 ºC elimina el margen de seguridad previsto para su almacenamiento.
Los móviles y cargadores sufren antes de apagarse por el calor del coche
Los teléfonos, tabletas, navegadores, baterías externas y cargadores tampoco deberían permanecer en el interior. Las baterías de ion de litio son especialmente sensibles a las temperaturas elevadas y pueden perder capacidad de manera irreversible, hincharse o activar sistemas de protección que apagan temporalmente el dispositivo.
Apple, por ejemplo, establece para sus teléfonos y tabletas un intervalo de uso ambiental de entre 0 y 35 ºC y una temperatura máxima de almacenamiento de 45 ºC. También advierte de que utilizar o cargar el dispositivo por encima de 35 ºC puede reducir permanentemente la vida útil de la batería y recomienda no dejarlo en lugares calientes como un coche estacionado al sol.
El error más peligroso consiste en recoger un móvil ardiendo y conectarlo inmediatamente al cargador o colocarlo frente a una salida de aire helado. Lo correcto es apagarlo, retirar la funda y dejar que recupere gradualmente una temperatura normal en un lugar sombreado y ventilado. Los cambios térmicos bruscos también pueden favorecer la condensación dentro del dispositivo.
Las gafas, los cosméticos y las botellas cambian dentro del coche con 42 grados
Las gafas graduadas y de sol suelen parecer resistentes, pero el calor puede deformar monturas de acetato o plástico, aflojar ensamblajes y perjudicar determinados tratamientos aplicados a las lentes. Dejarlas sobre el salpicadero añade además el efecto directo de la radiación. Guardarlas en su funda reduce arañazos, pero no evita que el interior completo alcance temperaturas extremas.
Con los cosméticos, la señal más visible suele ser la separación de fases: barras de labios que se derriten, cremas que pierden su textura, protectores solares que se vuelven demasiado líquidos y maquillajes que cambian de olor o color. La FDA desaconseja expresamente dejar cosméticos en coches calientes porque las altas temperaturas pueden deteriorar los conservantes y favorecer un crecimiento más rápido de bacterias y hongos.
Una crema que se ha separado no debe arreglarse agitándola y utilizándola como si nada. La alteración física puede indicar que la fórmula ya no se distribuye de manera uniforme. En el caso de un protector solar, esa incertidumbre afecta además a un producto del que se espera una protección concreta.
Las botellas de plástico pueden deformarse, perder estanqueidad y transmitir sabores u olores desagradables al agua cuando permanecen expuestas durante horas. El riesgo no debe presentarse como una supuesta intoxicación automática, pero tampoco conviene beber de una botella recalentada repetidamente, abierta o visiblemente alterada. Mucho menos si ha quedado varios días rodando por el suelo o el maletero.
Motor
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Patricia de la Torre
La comida debe desecharse cuando ha perdido el frío dentro del coche con 42 grados
Los alimentos perecederos son la categoría en la que la decisión debe ser menos sentimental. Una tortilla, una ensaladilla, un táper de arroz, carne cocinada, pescado, marisco, lácteos, fiambres o comida con huevo no se vuelve segura por oler bien. Las bacterias responsables de una intoxicación pueden multiplicarse sin producir cambios evidentes en el sabor o el aspecto.
La Food Standards Agency recuerda que, durante una ola de calor, los alimentos refrigerados deben mantenerse fríos y permanecer fuera del frigorífico el menor tiempo posible. En un coche aparcado, una bolsa convencional no sustituye a una nevera portátil con acumuladores de frío.
Cuando un alimento que debía estar refrigerado ha pasado horas dentro de un vehículo caliente, lo prudente es desecharlo directamente. Probar una pequeña cantidad para comprobar si está bueno no es un método de seguridad alimentaria. Tampoco lo es volver a meterlo en la nevera al llegar al destino: enfriarlo de nuevo no elimina las toxinas que algunos microorganismos hayan podido producir.