Barajas, el abandono del Gobierno: 500 sin hogar convertidos en "invisibles" por AENA y Sánchez
Mientras el Gobierno central y AENA se lavan las manos, cerca de 500 personas sin hogar sobreviven en el aeropuerto de Barajas en condiciones inhumanas. La inacción de Pedro Sánchez y la gestión errática de AENA agravan una crisis social que avergüenza a España.

Aueropuerto de Madrid
En el corazón del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, una de las principales puertas de entrada a España, se esconde una realidad que el Gobierno de Pedro Sánchez y AENA prefieren ignorar: cerca de 500 personas sin hogar han convertido las terminales en su refugio nocturno. Hombres y mujeres, españoles y extranjeros, jóvenes y mayores, duermen sobre el frío suelo de la T4, entre maletas y anuncios de vuelos, mientras las autoridades se enzarzan en una guerra de competencias que no hace más que perpetuar su sufrimiento.
La situación, que se ha agravado en los últimos meses, es un reflejo del abandono institucional. Según el sindicato ASAE, la cifra de personas sin hogar en Barajas se ha multiplicado por diez en una década, pasando de 40 a casi 500. Entre ellos está Rosa, una madrileña de 67 años que, tras una disputa familiar, perdió su hogar y ahora lucha contra el cansancio y la enfermedad en los pasillos del aeropuerto. “Nadie nos ve, nadie nos ayuda. Dicen que vienen del Ayuntamiento, pero aquí no aparece nadie”, asegura con la voz quebrada. Como ella, Daniel, un colombiano de 28 años víctima de una estafa, sobrevive sin consumir drogas ni causar problemas, pero sin un lugar al que ir.
Mientras estas personas enfrentan la exclusión social, el Gobierno central y AENA se limitan a señalar al Ayuntamiento de Madrid, gobernado por José Luis Martínez-Almeida, como responsable. Sin embargo, la gestión del aeropuerto depende directamente del Ministerio de Transportes, y AENA, como empresa pública, tiene la obligación de garantizar la seguridad y la dignidad en sus instalaciones. En lugar de soluciones, la respuesta de AENA ha sido reubicar a estas personas en zonas menos visibles, como la planta 1 de la T4, un gueto improvisado donde conviven desde quienes buscan trabajo hasta quienes luchan contra adicciones. Esta maniobra, denunciada por trabajadores y sindicatos, no resuelve el problema, sino que lo oculta, priorizando la imagen del aeropuerto sobre la dignidad humana.
El presidente de AENA, Maurici Lucena, ha acusado al Ayuntamiento de “dejación de funciones”, pero no explica por qué la empresa pública no ha impulsado medidas concretas para coordinar con servicios sociales o por qué permitió que la situación se descontrolara durante años. Mientras tanto, el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, se limita a culpar a las autoridades locales, evidenciando la falta de liderazgo del Ejecutivo de Sánchez ante una crisis que clama por una solución conjunta.
Los trabajadores del aeropuerto, desde limpiadoras hasta vigilantes, están al límite. “Es insostenible. Hay problemas de higiene, inseguridad y una imagen deplorable para los turistas”, denuncia Alexia Font, delegada de ASAE. Incidentes como robos, peleas o el fallecimiento de un hombre de 60 años en marzo pasado en la T4 han encendido las alarmas, pero el Gobierno sigue mirando hacia otro lado. La comparación con el aeropuerto de El Prat, donde AENA y los Mossos desalojaron a las personas sin hogar antes del Mobile World Congress, pone en evidencia la doble vara de medir: en Barcelona se actuó con rapidez; en Madrid, se opta por el silencio.
La Asociación Bokatas, la única organización que acompaña a estas personas con regularidad, describe un panorama desolador. “No tienen dónde ir. Los albergues están saturados, y muchos no quieren ir por miedo a perder la poca autonomía que les queda”, explica Gaspar García, coordinador del Proyecto Despega. Su labor, sin apenas recursos, contrasta con la pasividad de un Gobierno que presume de progresista mientras abandona a los más vulnerables.
España no puede permitirse que su principal aeropuerto sea un símbolo de exclusión social. La inacción de Pedro Sánchez y la gestión irresponsable de AENA convierten a Barajas en un espejo de sus prioridades: la fachada antes que las personas. Mientras Rosa, Daniel y cientos más buscan un lugar donde dormir esta noche, el Gobierno central sigue sin asumir su responsabilidad. Es hora de que Sánchez y AENA dejen de jugar al despiste y ofrezcan soluciones dignas para quienes, hoy, son los invisibles de Barajas.
España
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Marian Romero