Saltan las alertas en Moncloa: Sánchez pierde pie en Europa y busca refugio y apoyo moral en América Latina
La pérdida de influencia del presidente del Gobierno a nivel internacional y concreto en nuestro continente empieza a inquietar. La debilidad del Ejecutivo y sus polémicos pactos han erosionado su capacidad de negociación con sus homólogos europeos, mientras la presión judicial y las tensiones con la UE por la Ley de Amnistía aumentan. Para contrarrestar el deterioro de su imagen, el presidente busca esa proyección internacional al otro lado del charco.

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa conjunta, tras el Consejo Europeo, el 15 de diciembre de 2023.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, obligado por las exigencias de sus socios y dada la extrema debilidad que sufre su Gobierno y sus dificultades para poder seguir adelante, ha perdido buena parte de su capacidad de influencia y negociación ante sus homólogos europeos, algo que preocupa a su entorno -por si no tuvieran pocas inquietudes y quebrantos ya con el panorama judicial que les devora día a día- y que intentan combatir adaptando su agenda internacional “a las circunstancias”.
El jefe del Ejecutivo español, busca potenciar su imagen internacional por otras latitudes. Por ello, esta semana ha estado de gira por América Latina y ha mantenido un encuentro con los presidentes de Brasil, Lula Da Silva; Colombia, Gustavo Petro; Uruguay, Yamandú Orsi; y Chile, Gabriel Boric. Con todos ellos y en su calidad de presidente de la Internacional Socialista, Sánchez ha llamado “a la ofensiva” contra la derecha y la ultraderecha, a las que considera la “internacional del odio”. Sánchez ha tratado de emerger de nuevo como figura de peso político, aunque para ello haya tenido que cambiar de escenario y de colegas.
Las circunstancias y los pactos de Gobierno alcanzados por el presidente español en nuestro país han forzado una serie de actuaciones que tensan notablemente su relación con sus homólogos europeos, tanto en la UE, donde una y otra vez insiste – con escaso éxito- en el uso del catalán como lengua oficial, como en la OTAN, donde recientemente se negó a suscribir el acuerdo alcanzado por los países miembros de llegar a una inversión del 5% del PIB en gasto de Defensa, algo que resulta “totalmente inviable” para España, según admiten sus colaboradores, no solo porque generaría un serio problema, sin descartar siquiera la ruptura del Gobierno y la pérdida del apoyo de buena parte de sus socios parlamentarios, sino “porque desde el punto de vista económico es materialmente imposible pasar del 1,2% al 5% en tan poco tiempo, como se pretende”.
Precisamente una de las fuentes consultadas - miembro de la estructura de Gobierno de Sánchez - advierte que “España no se ha querido comprometer, pero hay un buen número de países que han firmado y saben a ciencia cierta que no cumplirán el objetivo marcado”. Señala esta misma fuente a Francia, a Italia, o a Bélgica, entre los países que firmaron a sabiendas de que incumplirán lo acordado, pero añade que “España tenía doble motivación para hacerlo: la certeza de la imposibilidad de cumplirlo y los problemas que genera con los socios”.
Con todo, el papel jugado por España incomoda a buena parte de sus socios europeos, que, más allá de reconocer que llevan años de retraso en el cumplimiento de objetivos de la OTAN, prefieren tener la fiesta en paz con la Administración Trump. Atrás han quedado pues los días en que Sánchez se proponía sacar adelante una excepción ibérica en la tarifa eléctrica y lo lograba, e incluso sumaba a sus filas a los más reticentes inicialmente.
Ahora mismo, esa pérdida de influencia y de imagen del propio Pedro Sánchez ante la UE preocupa especialmente por la decisión que pueda tomar el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ante la Ley de Amnistía de España. La previsión del Gobierno hasta hace relativamente poco tiempo era que la Justicia europea, se iba a ceñir al argumento de que no han detectado malversación en lo que se refiere a fondos europeos y que el resto son asuntos de orden local, que afectan a la Justicia propia de cada Estado, en este caso, del Español.
Se las prometían muy felices hace tan solo unos meses en el entorno de Sánchez, dando por hecho que el lobby político judicial que han desplegado desde España en este último año había hecho su trabajo y que la misión estaba casi cumplida, pero, en las últimas semanas y tras la publicación del informe de la Comisión Europea a consecuencia de la cuestión prejudicial planteada por el Tribunal de Cuentas, que es crítico con la Ley de Amnistía y apunta que se ha aprobado respondiendo a intereses políticos, la inquietud se ha apoderado del entorno de Sánchez.
Pese a que los más cercanos a Sánchez confían en una resolución favorable o lo suficientemente ambigua como para satisfacer los intereses del Ejecutivo español, la inquietud existe. Y la pérdida de imagen de Sánchez ante las instituciones europeas no ha hecho sino acrecentarla.