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Crimen de los Urquijo: Javier Anastasio implica en el asesinato de los marqueses al administrador
Fugado en 1987 y juzgado en rebeldía, Anastasio volvió a España en 2010 cuando había prescrito el caso. Siempre ha reconocido que su participación en el crimen fue ayudar a Rafi Escobedo a deshacerse de la pistola. En un libro en 2017 ya apuntó a la trama económica.

Javier Anastasio en 'Y ahora Sonsoles'.
Un espectro del pasado criminal español ha vuelto a escena. Javier Anastasio, amigo de Rafi Escobedo y prófugo tras el asesinato de los marqueses de Urquijo, fue entrevistado en el programa Y ahora Sonsoles de Antena 3, donde ofreció una nueva versión de lo que sucedió en la madrugada del 1 de agosto de 1980. Afirma que la versión oficial del crimen es un engaño. “Creo que Rafi sabía cosas, pero que es inocente”, aseguró.
Reconoció haber ayudado a Escobedo a deshacerse del arma homicida en el pantano de San Juan y haberlo llevado hasta la residencia de los marqueses en Somosaguas. “Decidí hacerle el favor, fue el mayor error de mi vida”, recordó.
Sin embargo, sostiene que ni él ni Escobedo son responsables de los asesinatos. Sus acusaciones apuntan al administrador de los Urquijo, Diego Martínez Herrera. Lo cierto es que el maremágnum informativo que generó el caso en los años 80 ya hubo medios que señalaron a una posible trama económica como verdadero punto de partida del asesinato.
“Lavaron los cuerpos, quemaron no sé cuántos documentos, que según el administrador eran dos pasaportes”, afirmó Anastasio en televisión. Además, plantea serias dudas sobre la muerte de Escobedo en prisión en el verano de 1988: “Un tipo que tenga cianuro en los pulmones es muy difícil que se ahorque después”.
El crimen más mediático de España
En la madrugada del 1 de agosto de 1980, los marqueses María Lourdes de Urquijo y Manuel de la Sierra y Torres fueron asesinados en su hogar de Somosaguas, Madrid, mientras dormían, víctimas de disparos precisos. El suceso estremeció al país.
El principal señalado fue Rafael “Rafi” Escobedo Alday, yerno de los marqueses. En 1981, lo detuvieron tras encontrar casquillos similares en una propiedad familiar. Se le relacionó con una pistola Star calibre 22, que, sin embargo, se perdió misteriosamente durante la investigación. Escobedo confesó inicialmente, pero luego se desdijo, denunciando presiones y torturas.
En julio de 1983, fue sentenciado a 53 años de cárcel por doble asesinato con agravantes de premeditación y nocturnidad. En 1985, el Tribunal Supremo ratificó la condena. El caso siempre estuvo envuelto en controversias: los cuerpos fueron limpiados antes de la llegada de las autoridades, documentos se esfumaron, y tanto los casquillos como el arma original desaparecieron. Diego Martínez Herrera, el administrador, ordenó limpiar la escena y quemar papeles de una caja fuerte.
El fallo judicial dejó preguntas sin respuesta. La sentencia mencionaba que Escobedo actuó “solo o en compañía de otros”. ¿Quiénes eran esos otros? Nadie lo aclaró.
El 27 de julio de 1988, Escobedo fue hallado muerto en su celda en la prisión de El Dueso. La versión oficial apuntó a un suicidio, pero los análisis detectaron cianuro en sus pulmones, hígado, riñones e intestinos, lo que alimentó hipótesis de homicidio. Varios médicos señalaron la ausencia de signos claros de estrangulamiento.
Respecto a Anastasio, fue arrestado en 1983 como presunto cómplice, pero escapó en 1987 aprovechando un vacío legal, cruzando Portugal hacia Brasil, un país sin acuerdo de extradición con España. En 2010, al prescribir los cargos, quedó libre de responsabilidad. Ese mismo año, desde Buenos Aires, ofreció una entrevista en la que negó cualquier implicación en los crímenes. Desde entonces, solo se supo de él en 2017, durante un encuentro con periodistas que indagaban en el caso. Hasta esta reciente aparición, su vida había permanecido en las sombras.