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Rebelión en el PSOE: Jordi Sevilla acusa a Sánchez de convertir el partido en un club de fans
La rebelión interna en el socialismo empieza a tomar cuerpo. Pedro Sánchez pierde apoyos dentro del partido mientras antiguos dirigentes denuncian el apagón democrático y el culto a la personalidad en Ferraz.

Jordi Sevilla con Pedro Sánchez
El malestar dentro del PSOE ya no se oculta. Lo que durante años fueron susurros de pasillo, hoy se ha convertido en una corriente de fondo que amenaza con resquebrajar el férreo control de Pedro Sánchez sobre el partido. El detonante tiene nombre y apellido: Jordi Sevilla, exministro de Administraciones Públicas con José Luis Rodríguez Zapatero, que ha hablado claro y sin tapujos.
“El Partido Socialista se ha convertido en un club de fans de Pedro Sánchez”. “Ya no admite la crítica ni la discrepancia”.
Sus palabras, pronunciadas en una entrevista con El Mundo, han encendido todas las alarmas en Ferraz. No se trata de un militante de base molesto ni de un exdirigente descolocado, sino de una figura con recorrido y credibilidad que ha conocido el partido desde dentro. Y lo que describe es un panorama desolador: un PSOE cerrado, sin debate interno, en el que “quien no aplaude, desaparece de la foto”.
Del socialismo plural al “partido norcoreano”
Sevilla denuncia la desaparición de cualquier corriente interna o voz crítica. En los tiempos de Felipe González, recuerda, coexistían sensibilidades distintas —como la histórica Izquierda Socialista— que enriquecían el debate. Hoy eso es “impensable”.
“El PSOE se ha convertido en un club de adhesiones inquebrantables al líder”
El diagnóstico es compartido por otras figuras veteranas del partido, que observan cómo el socialismo se ha transformado en una maquinaria de obediencia ciega, donde el pensamiento crítico se paga con el ostracismo. “Antes estaba mal visto aplaudir al secretario general; ahora, el que no aplaude, ficha”, ironiza un exdirigente consultado.
El sanchismo, en fase de descomposición
La osadía de Jordi Sevilla no es casual. Cada vez más voces dentro del partido perciben que el liderazgo de Sánchez entra en fase de desgaste acelerado. “Hace un año nadie se habría atrevido a levantar la voz; ahora lo hacen porque huelen el final”, reconocen fuentes socialistas.
El sanchismo, aseguran, vive una crisis de credibilidad. Las cesiones al independentismo, la amnistía y la erosión de la ética interna han provocado un cisma silencioso entre los socialdemócratas clásicos y el núcleo duro del actual PSOE. “Nosotros seguimos pensando lo mismo sobre la amnistía. El que ha cambiado es él”, reprocha Sevilla.
Los críticos planean organizarse en una corriente interna socialdemócrata. Saben que Ferraz no lo permitirá, pero buscan dejar constancia de que aún hay socialistas “de los de antes”, que quieren recuperar el partido de las manos de un aparato cada vez más cerrado y populista.
La sombra de los sobres y el silencio de Ferraz
A la crisis ideológica se suma ahora el escándalo de los pagos en metálico dentro del PSOE. Según diversas informaciones, se habrían abonado sobres con billetes a determinados cargos del partido. Jordi Sevilla, que pasó años trabajando en la sede de Ferraz, lo niega tajantemente:
“A mí nunca me han pagado en metálico. Si se confirma que había sobres, el partido debe abrir una investigación interna.”
Pero su petición cae en saco roto. Nadie en la dirección socialista quiere hablar del tema. Óscar López, jefe de Gabinete del presidente, esquivó dos veces la misma pregunta en televisión: “¿Ha cobrado usted sobres del partido?”. Su silencio alimenta las sospechas.
Sevilla es claro: “Cobrar en metálico no es normal. Huele a dinero negro, a financiación irregular”. Y lanza un dardo final: “¿Cómo van a investigar si los que deben hacerlo son los mismos que tendrían que investigarse a sí mismos?”.
Ferraz mira hacia otro lado mientras la base se desangra
La fractura interna no es ya cuestión de matices ideológicos, sino de identidad política. Los socialistas clásicos se sienten expulsados de un partido que, según denuncian, “ha cambiado los valores de la socialdemocracia por el cálculo personal de mantenerse en el poder a cualquier precio”.
Las reuniones de críticos, antes discretas, empiezan a multiplicarse. Algunos dirigentes de segundo nivel ya mueven ficha y se preparan “para el día después de Sánchez”. Saben que el ciclo del actual presidente se agota, aunque aún resista institucionalmente.
Mientras tanto, el PSOE pierde identidad y credibilidad, y el sanchismo —cada vez más aislado— intenta resistir a base de propaganda y control interno. La rebelión, por ahora silenciosa, ya está en marcha. Y esta vez, todo apunta a que no se callará tan fácilmente.