Rodalies otra vez suspendido mientras Illa sigue de perfil ante Puente pese al caos ferroviario en Cataluña
La red ferroviaria catalana vuelve a colapsar por la degradación de vías y sistemas, mientras Transportes arrastra una cadena de incidentes recientes que cuestionan la seguridad y el mantenimiento estatal

Dos personas en la estación de Francia, donde opera Rodalies, en Barcelona
Cataluña vuelve a amanecer sin Rodalies. No por una causa excepcional ni por un fenómeno imprevisible, sino por el deterioro estructural de una red ferroviaria abandonada durante años bajo la responsabilidad directa del Ministerio de Transportes. La suspensión del servicio confirma lo que usuarios y trabajadores denuncian desde hace tiempo: el sistema no aguanta más.
La decisión de paralizar la circulación responde a la incapacidad de Renfe y Adif para garantizar la seguridad, tras constatarse el mal estado de las vías, taludes e infraestructuras básicas. Una situación que no es nueva, pero que ahora ya no se puede ocultar ni maquillar con comunicados técnicos.
Este nuevo colapso se produce apenas días después del grave accidente de Gelida, donde un desprendimiento provocó una colisión con un fallecido, y en pleno impacto social por el accidente de Adamuz (Córdoba). Dos episodios distintos, un mismo patrón: infraestructuras degradadas y mantenimiento insuficiente.
Pese a ello, desde el Gobierno de Sánchez y Puente se sigue hablando de “incidencias” y “afectaciones puntuales”, mientras la realidad es que Rodalies se ha convertido en un sistema crónicamente inseguro. Una red que falla a diario y que ahora directamente se apaga, dejando a cientos de miles de personas sin alternativa real de movilidad.
El papel del PSC de Salvador Illa, hoy al frente de la Generalitat y parte orgánica del PSOE que gobierna España, añade una dimensión política ineludible. Lejos de ejercer presión sobre el Ministerio de Transportes, el Govern asume la suspensión como un daño colateral inevitable, evitando señalar a quienes llevan años prometiendo inversiones que nunca llegan o lo hacen tarde y mal.
El caso de Rodalies
Sindicatos ferroviarios y técnicos llevan tiempo alertando de que Rodalies funciona al límite de la seguridad, con infraestructuras obsoletas, sistemas sin renovar y una red sometida a parches constantes en lugar de a una planificación seria. Las advertencias fueron ignoradas. Hoy, las consecuencias están a la vista.
Lo ocurrido no es un fallo puntual ni una mala racha. Es el resultado de años de desatención política, de decisiones presupuestarias que han relegado la red convencional a un segundo plano y de una gestión que ha normalizado el colapso como parte del día a día en Cataluña.
La suspensión de Rodalies no es solo un problema de movilidad. Es la evidencia de un fracaso político y administrativo, con responsables claros y con un coste creciente en seguridad, confianza institucional y calidad de vida. Y esta vez, ni los usuarios ni los hechos permiten mirar hacia otro lado.