las cuentas del congreso
Ábalos entrega por fin el acta y le regala oxígeno a Sánchez: el papel de Junts vuelve a ser clave y tendrán que "mojarse"
La entrega del acta de de diputado del exministro provoca que el PSOE tenga un diputado más y obliga a los de Carles Puigdemont a retratarse: ahora con la abstención no valdrá para tumbar leyes.

José Luis Ábalos
La política española tiene un vicio: convertir lo obvio en suspense. Y el caso de José Luis Ábalos es de manual. Este miércoles 28 de enero de 2026, el exministro socialista ha renunciado al acta de diputado desde prisión provisional, después de semanas —meses— aferrado al escaño como si fuese una trinchera personal. El gesto llega tarde, llega obligado y llega con premio: el PSOE recupera un voto que, en una legislatura alambre, vale más que cien discursos sobre “regeneración”.
Ábalos se va del Congreso, sí. Pero lo hace cuando ya ha exprimido el escaño hasta el último minuto político: primero, como símbolo de resistencia; luego, como problema incómodo para su partido; y finalmente, como pieza de ajedrez para una aritmética parlamentaria donde cada papeleta decide si el Gobierno cae o sigue.
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Con la renuncia, el escaño por Valencia pasa a Ana María González Herdaro, alcaldesa de Llaurí y siguiente en la lista del PSOE. Su llegada no está exenta de polémica: distintos medios recuerdan una condena de 2021 por conducir bajo los efectos del alcohol, un antecedente que, como mínimo, chirría con la prédica de ejemplaridad que el PSOE exige a los demás cuando le conviene.
Pero lo relevante para Moncloa no es el currículum municipal: es el contador.
Durante el tiempo en que Ábalos ha estado suspendido, el Gobierno se movía en el filo del empate: si Junts se abstenía, el Ejecutivo podía quedarse sin mayoría real y ver caer iniciativas por pura matemática parlamentaria. Esa situación se explicó con claridad cuando se hablaba del “diabólico empate a 171” y del voto perdido que convertía la abstención de Junts en un problema.
Ahora, con el escaño reactivado para el bloque gubernamental, el Ejecutivo recupera el escenario más rentable: 172 frente a 171,(contando con las 7 abstenciones de Junts) que es exactamente el tipo de ventaja mínima con la que se puede sobrevivir… siempre que el rival vote “no” y el tercero en discordia decida no molestar demasiado.
Junts ya no tiene que votar “sí”: le basta con apartarse
Aquí está el cambio de fondo que explica tu planteamiento: si PP y Vox votan “no” y Junts se abstiene, el Gobierno puede sacar adelante votaciones en las que cuente con su bloque y mantenga la disciplina interna. En la práctica, Junts no tiene que firmar nada, ni retratarse con un apoyo explícito: le basta con “no estorbar”.
No es teoría: ya hemos visto episodios recientes en los que la abstención de Junts permitió que el bloque del Gobierno ganara por la mínima (172-171) en votaciones ajustadas.
¿Consecuencia política? Que Junts conserva capacidad de presión, pero cambia el marco: ya no es “o me dices sí o te tumbo”, sino “si quiero te tumbo, pero si me conviene me abstengo y te dejo respirar”. Y esa diferencia, en política, es media legislatura.
Opinión
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La escena es bastante elocuente: el PSOE se pasa meses defendiendo que “actúa con contundencia”, que “no ampara conductas impropias”, que “la justicia hará su trabajo”… mientras su antiguo dirigente mantiene el escaño como paraguas político en pleno caso Koldo y con una situación judicial que ha desembocado en prisión provisional y en un proceso que, según las informaciones publicadas, seguirá su curso (con piezas que podrían acabar en la Audiencia Nacional).
Y cuando por fin entrega el acta, el balance para Sánchez no es solo “se quita un problema”; es que le cae un voto del cielo. Si esto no es una metáfora perfecta de cómo se gestiona la política en España —convertir una crisis en una ventaja contable—, se le parece bastante.
Un Gobierno más fuerte… pero más rehén de lo mínimo
Eso sí: conviene no venderlo como estabilidad. Es una estabilidad de cristal.
Con mayorías tan ajustadas, cualquier ausencia, cualquier diputado enfermo, cualquier error de cálculo o cualquier discrepancia interna puede reventar una votación. Y por eso la legislatura seguirá siendo lo que era: una sucesión de negociaciones en las que el Gobierno gobierna menos con programa y más con calculadora.
La diferencia es que ahora el Gobierno puede permitirse algo que antes no tenía: que Junts no le vote a favor. Y eso, para Moncloa, es oro. Para el resto, es el reconocimiento explícito de que el Parlamento funciona a base de mínimos: no de consensos, sino de abstenciones.
Lo que gana Sánchez: margen. Lo que pierde el país: transparencia política
A partir de aquí, el incentivo está claro: si la abstención de Junts basta, la negociación puede hacerse todavía más opaca. Menos titulares, menos compromisos explícitos, menos coste reputacional para el socio ocasional… y más facilidad para que la política se decida en pasillos.
Ábalos sale por la puerta de atrás. Pero lo hace dejando una paradoja venenosa: su marcha fortalece al PSOE en el Congreso justo cuando el PSOE pretende convencer a la opinión pública de que su caso era una manzana podrida aislada. La aritmética dice una cosa; la ética, otra.