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La Casa Blanca y Zarzuela se unen: ninguneo internacional del Rey Felipe a Pedro Sánchez

La Casa Real mueve ficha con Washington y apura todos lo detalles para un acto diplomático vital que La Moncloa no podrá capitalizar

Donald Trump y el Rey Felipe VI en una foto de 2018.

Donald Trump y el Rey Felipe VI en una foto de 2018.Action Press / Europa Press

David Lozano
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El Rey Felipe VI prepara un gesto diplomático de enorme carga política que deja en evidencia la creciente desconfianza internacional hacia el Gobierno de Pedro Sánchez. La acreditación del nuevo embajador de Estados Unidos en Madrid no será un simple trámite protocolario, sino una escena cuidadosamente diseñada para enviar un mensaje claro: Washington confía en la Corona, pero no en Moncloa.

Don Felipe recibirá al nuevo representante estadounidense, León Jr, con toda la solemnidad en el Palacio Real, en una ceremonia que Zarzuela quiere convertir en un acto de alto perfil institucional, con todo el boato y la simbología del Estado. Pero lo verdaderamente significativo es quién queda fuera del foco: el presidente del Gobierno.

Tal y cómo ha podido saber ESdiario, ni la Casa Real ni la Casa Blanca desean que Sánchez capitalice el evento del representante de Donald Trump en España. La presencia del Ejecutivo está prácticamente descartada, limitada en el mejor de los casos al ministro de Asuntos Exteriores José Manuel Albares y sin protagonismo político alguno. Un desplante diplomático que refleja hasta qué punto la figura de Sánchez se ha convertido en un factor incómodo para la primera potencia mundial.

Las relaciones entre Washington y el actual Gobierno español atraviesan uno de sus momentos más tensos de las últimas décadas. Las críticas de Estados Unidos por la escasa aportación de España a la OTAN, las posiciones ambiguas del Ejecutivo en política internacional y la creciente percepción de alineamiento con posiciones poco fiables han erosionado la credibilidad de Moncloa en los grandes centros de poder occidentales.

En este contexto, la Corona emerge como el último garante de estabilidad y continuidad en la política exterior española. Felipe VI se presenta como el interlocutor serio, previsible y fiable frente a un presidente que ha acumulado fricciones con aliados estratégicos y que ha sido públicamente cuestionado por líderes internacionales.

La acreditación del embajador se convertirá así en una fotografía política de alto voltaje: el Rey Felipe como eje de la diplomacia, la monarquía como ancla institucional y un presidente del Gobierno relegado a un papel secundario, casi decorativo y, desde luego, apartado de la esfera internacional. Un mensaje contundente tanto hacia Washington como hacia la opinión pública española: cuando la relación con Estados Unidos se complica, Sánchez estorba y la Corona toma el timón.

Zarzuela quiere subrayar esa idea con una ceremonia solemne, cuidada al detalle, en la que el Palacio Real recuperará su papel como escenario central de las grandes relaciones de Estado. Frente a la improvisación política de Moncloa, la Corona exhibe tradición, protocolo y continuidad histórica.

En definitiva, la llegada del nuevo embajador estadounidense no será solo un acto diplomático. Será una enmienda simbólica a la política exterior de Pedro Sánchez y una demostración de que, en los asuntos estratégicos, Washington prefiere hablar con el Rey antes que con el presidente del Gobierno.

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