La Fiscalía de Estados Unidos abre una nueva y grave causa contra Zapatero
El departamento Fiscal del Distrito Sur de Nueva York señala al ex presidente español como una persona destacada dentro del régimen criminal chavista. El testimonio de los presos, clave

José Luis Rodríguez Zapatero en la presentación de un libro el pasado 3 de febrero.
En el debate español sobre José Luis Rodríguez Zapatero y Venezuela, una parte de la discusión se ha centrado en supuestos intereses económicos o negocios personales. Sin embargo, el aspecto más relevante no es ese, sino otro mucho más incómodo: su papel como actor político que habría contribuido a sostener y legitimar al régimen chavista.
Una reciente denuncia presentada por HazteOír ante la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York recoge testimonios de presos políticos venezolanos que aseguran que el ex presidente español no fue un mediador neutral, sino un interlocutor con influencia directa sobre la dinámica interna del régimen. Según estos testimonios, Zapatero conocía las prácticas de tortura, desapariciones y asesinatos en centros de detención como El Helicoide o La Tumba, y aun así habría ejercido presión sobre familiares de víctimas para que no denunciaran públicamente esos abusos.
La Fiscalía ha admitido la documentación como "solvente" al dar total veracidad a testimonios como el de Lorent Enrique Gómez Saleh, activista de Derechos Humanos y víctima de torturas en los centros del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin).
Más allá de la gravedad de esas acusaciones, lo relevante desde el punto de vista político es el patrón que describen los testigos: Zapatero no habría actuado como un diplomático occidental clásico, sino como un operador político que intervenía para modular la oposición venezolana. Varios testimonios lo sitúan en cárceles como Ramo Verde, presionando a presos políticos para que desmovilizaran protestas o adoptaran posiciones favorables a la estrategia del régimen.
En ese relato, el ex presidente del Gobierno de España aparece como un actor que habría contribuido a canalizar la oposición hacia posiciones menos disruptivas, ofreciendo mediaciones selectivas y liberaciones de presos que beneficiaban a la estrategia de Nicolás Maduro. Según los denunciantes, no se trataba de una mediación humanitaria, sino de una diplomacia paralela alineada con los intereses criminales del chavismo.
Este es el punto clave: incluso si no hubiera habido ningún negocio personal, la influencia política es en sí misma un hecho de enorme relevancia. Un ex presidente de una democracia consolidada actuando como intermediario con acceso privilegiado al régimen y con capacidad para influir en la oposición venezolana tiene un impacto real en la geopolítica y en la legitimación internacional del chavismo.
En política internacional, la legitimidad es poder. Y figuras como la de José Luis Rodríguez Zapatero, con su capital simbólico de ex jefe de Gobierno europeo, aportan algo que ningún régimen autoritario puede fabricar por sí mismo: la apariencia de interlocución democrática. Esa influencia, más que cualquier contrato o transacción económica, es lo que explica por qué su papel en Venezuela sigue siendo objeto de polémica y, lo que es peor para él y para el PSOE y el Gobierno de Pedro Sánchez, también sigue bajo la lupa de la Justicia estadounidense.