elecciones 15M
A Óscar Puente ya no lo quieren ni en su casa: gritos de "50 muertos" en Valladolid
"¡Puente, cabrón! ¿Qué pasó con los trenes, Puente?", "¡Dimite, cabrón, que ya no queda vergüenza!", reciben al ministro de Transportes en la pegada de carteles del inicio de campaña de Castilla y León
El ministro de Transportes, Óscar Puente, interviene durante la pegada de carteles del PSOE en Valladolid
No era territorio hostil, era su ciudad, su plaza, Valladolid. El lugar donde fue alcalde y donde el PSOE arrancaba oficialmente la campaña para las elecciones de Castilla y León del 15 de marzo. Pero el inicio no fue precisamente plácido para el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente.
Cuando Óscar Puente se dirigía al acto de pegada del primer cartel electoral en Valladolid, varias personas le increparon con gritos que retumbaron más que cualquier eslogan de campaña: “¡Puente, cabrón! ¿Qué pasó con los trenes, Puente?”, “¡Dimite, cabrón, que ya no queda vergüenza!” o “¡50 muertos, Puente, 50!”.
La escena de Valladolid obligó a la intervención de agentes de la Policía Nacional, que acompañaron al ministro Óscar Puente mientras los gritos subían de tono. Al otro lado, simpatizantes socialistas, por cierto señoras de avanzada edad para variar, trataban de contrarrestar la bronca, elevando aún más la temperatura del ambiente. Que un ministro sea increpado entra dentro del manual político, pero que ocurra en su propia ciudad, en el arranque simbólico de campaña y ante varias decenas de asistentes tiene una carga política evidente.
El grito de “50 muertos” no es casual. Remite a la polémica gestión ferroviaria que ha perseguido a Óscar Puente desde su llegada al Ministerio, con episodios de incidencias, retrasos y crisis técnicas que la oposición ha explotado con dureza. El ministro no respondió, tampoco lo hizo la ministra de Igualdad, la vallisoletana Ana Redondo, presente en el acto. Optaron por seguir el guion previsto y no alimentar la bronca. Cuando las infraestructuras fallan, el responsable político tiene nombre y apellidos. Y si además ese responsable vuelve a su ciudad Valladolid para pedir el voto, la memoria colectiva no siempre es amable.
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Enrique Martínez Olmos