El giro de Bruselas deja a Sánchez solo una vez ha bajado el suflé de Trump: España paga su 'No a la guerra'
El choque inicial con Donald Trump dio a Pedro Sánchez un breve respaldo europeo, pero el paso de los días ha cambiado el escenario. Bruselas endurece su discurso frente a Irán, Von der Leyen se alinea con la estrategia de Washington y Moncloa mantiene su “No a la guerra”, una postura que empieza a aislar a nuestro país dentro de la UE.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen.
Cuando el enfrentamiento con Donald Trump dominaba titulares, Pedro Sánchez logró algo poco habitual de un tiempo a esta parte: que Bruselas saliera en su defensa. Aquellas amenazas del presidente estadounidense con el comercio (más fruto del enfado por el veto español a utilizar bases militares que de un plan o intención real) provocaron un cierre de filas europeo en torno al Gobierno español y las relaciones comerciales con la Unión Europea. Pero el suflé ha bajado. Y con él, también el respaldo al 'No a la guerra' que el presidente del Gobierno quiere seguir exprimiendo para engordar su relato.
Con el paso de los días, el tono en la capital comunitaria ha cambiado de forma significativa. La señal más clara llegó de boca de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que dejó una frase contundente sobre la crisis: “No hay que derramar ni una lágrima por Irán”. Un posicionamiento que ha reiterado después y que muestra una posición mucho más alineada con la actuación de Estados Unidos frente al régimen iraní.

Pedro Sánchez en una rueda de prensa en Bruselas con el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
La jefa del Ejecutivo comunitario ha defendido la necesidad de frenar a Teherán y ha evitado criticar la acción estadounidense, en contraste directo con el discurso que mantiene el Gobierno de España. Desde Moncloa respondieron con un mensaje cargado de tono moral: “Uno tiene que optar: o el derecho o la fuerza. O la paz o el uso de la guerra como instrumento de política exterior”. Lejos de rebajar la tensión, la réplica no hace más que profundizar el desacuerdo con Bruselas.
De socio cercano a dirigente incómodo
La relación entre Sánchez y Von der Leyen había sido hasta ahora fluida dentro del engranaje comunitario. Sin embargo, fuentes europeas admiten que la percepción sobre el presidente español está empezando a cambiar. La presidenta de la Comisión lo situaría ahora entre los dirigentes más problemáticos del tablero europeo. Ese cambio refleja el creciente distanciamiento entre la línea política dominante en la Comisión Europea y la estrategia del Gobierno español ante la crisis con Irán.
La distancia se ha evidenciado también en el terreno operativo. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha marcado este martes distancias con el plan planteado por el presidente francés, Emmanuel Macron, para enviar el portaviones Charles de Gaulle al estrecho de Ormuz con el objetivo de proteger el tráfico energético. Recordemos que el Gobierno sí que aceptó mandar la fragata 'Cristobal Colón' a Chipre, pero desde Moncloa aseguran que no irán más allá y que solo se implicará en operaciones “que puedan garantizar la paz y la seguridad de la Unión Europea”. Además, Albares planteó como excusa que todavía “no hay ninguna concreción ni ningún planteamiento oficial” desde el Ejecutivo francés.
Un aliado puntual en Bruselas: socialista y oposición de Von der Leyen
En este contexto, el Ejecutivo se ha alineado con el presidente del Consejo Europeo, António Costa, que defiende que la misión de la UE sigue siendo preservar un orden internacional basado en reglas. Albares aseguró que España se “identifica plenamente” con sus palabras.
Para el jefe de la diplomacia española, la alternativa a ese orden sería el “desorden”, algo que —según advirtió— conduciría al “caos”. Un mensaje que contrasta con la reflexión de Von der Leyen, quien sostiene que Europa ya no puede limitarse a ser “la guardiana del orden del viejo mundo”. Cabe recordar que Costa es socialista y dejó de ser primer ministro de Portugal tras presentar su dimisión el 7 de noviembre de 2023, provocada por la llamada "Operación Influencer", en la que se investigan presuntas irregularidades, prevaricación y tráfico de influencias en la concesión de varios proyectos.
La apuesta de Sánchez sigue en pie
Pese a todo, nada indica que Sánchez vaya a modificar su estrategia. Moncloa mantiene su hoja de ruta: presentarse como el abanderado del “No a la guerra”, incluso aunque esa postura lo sitúe en minoría dentro de la UE.
La consecuencia, según apuntan distintas voces en Bruselas, es un riesgo creciente de aislamiento político. Y con él, una pérdida progresiva de influencia en las decisiones europeas. Sin ir más lejos, sin estar presente en reuniones clave con actores tan importantes como Francia, Alemania e Italia. En un momento en el que la Unión debate cómo responder a la escalada con Irán, España corre el peligro de quedarse cada vez con menos peso y, por tanto, con menos voz.