Mañueco logra una gran victoria y seguirá gobernando... si un Vox frenado lo permite
El PP gana con claridad y refuerza su liderazgo frente a un PSOE sin socios, en una noche marcada por el voto a la continuidad institucional alejada de la crispación y las estridencias

Alfonso Fernández Mañueco ganó las elecciones en CyL
Castilla y León ha hablado con claridad. Las elecciones autonómicas dejan una victoria contundente de Alfonso Fernández Mañueco y del Partido Popular, que refuerzan su posición al frente de la Junta y consolidan una lectura política definida: el electorado ha apostado por estabilidad institucional, gestión y moderación frente a la crispación. Con 33 procuradores, dos más que en 2022, el PP vuelve a imponerse como primera fuerza en las Cortes, por delante de un PSOE que resiste con 30 escaños y de un Vox que no logra despegar.
La victoria del candidato popular se sustenta en una campaña larga, pegada al territorio y centrada en propuestas concretas. Mañueco recorrió cerca de 22.800 kilómetros por las nueve provincias y participó en más de 70 actos para presentar un programa basado en medidas económicas, rebajas fiscales, refuerzo de servicios públicos y apoyo al medio rural. El mensaje, centrado en la gestión y la previsibilidad, "certezas sin ruido" como dijo Mañueco al anunciar su victoria electoral, ha calado en un electorado que ha optado por perfiles conocidos frente a discursos más confrontativos. "Va a ser un Gobierno para todos", aseguró Mañueco.
El resultado confirma además una tendencia que se repite en otros territorios como Extremadura o Aragón: el PP vuelve a imponerse al PSOE y marca el paso del bloque conservador. Vox, por su parte, queda lejos del papel determinante que anticipaban algunas encuestas y emerge como socio imprescindible para la gobernabilidad, aunque sin el peso suficiente para imponer en solitario el rumbo político.
La decisión de Vox
El PSOE salva los muebles en términos numéricos, en parte por el retroceso del espacio situado a su izquierda, pero queda sin margen para articular una alternativa tras la desaparición de otras fuerzas progresistas del Parlamento autonómico.
El escenario que se abre ahora apunta a una negociación entre PP y Vox para garantizar la estabilidad institucional. El mensaje de las urnas, en todo caso, parece claro: Castilla y León ha votado continuidad, trabajo y ausencia de estridencias, dejando la última palabra sobre la gobernabilidad en manos del entendimiento entre las fuerzas del bloque conservador y poniendo al partido de Abascal en una situación mucho más débil. Ahora, toca ver si desde Bambú permiten un gobierno de centro derecha o seguirán poniendo palos en las ruedas.