Ni Susana Díaz da un duro por Montero: el día que un “tiene ganas” suena a funeral político
La intervención de la expresidenta andaluza en Todo es mentira dejó una de esas respuestas que, sin necesidad de decir gran cosa, lo dicen absolutamente todo sobre la fe real que despierta María Jesús Montero incluso entre los suyos.

(Foto de ARCHIVO) La expresidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, durante la inauguración del XV Congreso del PSOE de Andalucía.
Bastó una pregunta de Risto Mejide para retratar una situación entera. “¿Tú le ves posibilidades?”, le soltó a Susana Díaz al hablar de María Jesús Montero. Y la respuesta no fue precisamente una arenga de campaña, ni un grito de confianza, ni siquiera un triste “claro que sí”. No. Lo que salió fue ese “yo creo que ella tiene ganas”, que en política viene a equivaler a ponerle una vela al difunto mientras aún respira. La escena provocó risas en el plató y no era para menos: aquello no sonó a respaldo, sonó a pésame con envoltorio de cortesía.
Desconfianza
Porque cuando una dirigente de tu propio espacio político, conociendo como conoce el terreno andaluz, las siglas, los egos y los sótanos del partido, es incapaz de regalarte una frase de convicción y se refugia en un tibio “tiene ganas”, lo que está firmando en realidad es un acta de desconfianza. No dijo que vaya a ganar. No dijo que tenga opciones serias. No dijo que Andalucía la espera con los brazos abiertos. Dijo, simplemente, que tiene ganas. Como quien habla de un opositor simpático, de un cuñado ilusionado con montar un bar o de alguien que se ha apuntado al maratón sin haber corrido ni al autobús.
Lo más demoledor del asunto es que no hizo falta crueldad explícita. La puñalada entró con una sonrisa. Ahí está la fineza del golpe: Susana Díaz no necesitó pronunciar una sola palabra gruesa para dejar flotando en el ambiente la sensación de que ni ella misma compra la mercancía electoral que ahora intentan vender con Montero. Y cuando José Manuel García-Margallo remató la jugada calificando aquello como “lo más cruel” que había escuchado, en el fondo no hacía más que verbalizar lo que cualquiera con dos oídos había entendido ya: que el supuesto respaldo era, en realidad, una manera elegantísima de apartarse del naufragio antes de que empiece a entrar agua.
Montero no despierta Fe
Montero podrá presentarse como gran esperanza del socialismo andaluz, como candidata de relumbrón llegada desde la cúspide del poder, como figura llamada a cambiar el rumbo de la comunidad. Pero si al preguntar por sus posibilidades una referente del PSOE andaluz no pasa de un desmayado “ella tiene ganas”, entonces el diagnóstico político es bastante menos épico: no estamos ante una candidata que despierte fe, sino ante una operación de partido que ni los propios parecen capaces de defender sin mirar al suelo. Y cuando los tuyos ya no te ponen corona, lo que suele venir después no es el trono, sino el batacazo.