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Otegi se hace la víctima por una amenaza y se le vuelve en contra: "Vosotros además de amenazar, matabais"

El líder de Bildu denuncia que recibió un correo amenazante y hasta acude a la Ertzaintza, pero el contraste con lo que los suyos practicaban le deja en evidencia: "Un condenado por pertenencia a ETA denunciando amenazas, te tienes que reír"

El secretario general de EH Bildu, Arnaldo Otegi

El secretario general de EH Bildu, Arnaldo OtegiDavid Zorrakino / Europa Press

Enrique Martínez Olmos

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En política hay líneas rojas que no admiten matices. Las amenazas de muerte son una de ellas. Y sí, deben ser condenadas siempre, sin peros ni excepciones. Pero también es cierto que no todos los relatos pesan igual cuando se confrontan con el pasado. Y ahí es donde el caso de Arnaldo Otegi vuelve a abrir una herida que nunca terminó de cerrarse. El coordinador de EH Bildu ha comparecido como perjudicado ante la Justicia tras recibir un correo con amenazas de muerte. La denuncia ha sido tramitada, la Ertzaintza investiga y desde el Gobierno vasco se ha condenado lo ocurrido. Lo curioso es que Otegi se lamente de amenazas después de haber pertenecido a ETA, como le han recordado.

Otegi no es un político cualquiera. Su trayectoria está marcada por su vinculación con ETA y su paso por Batasuna, organizaciones que no se limitaban precisamente a enviar correos electrónicos o amenazar, sino que iban más allá y ejecutaban la amenaza, muchas veces con la muerte. Y es ahí donde el discurso victimista empieza a chirriar para muchos. No por negar la gravedad de una amenaza al líder de Bildu que la tiene, sino por el contraste entre quien denuncia y lo que representa.

Las reacciones no se han hecho esperar, y muchas apuntan en la misma dirección: “vosotros además de amenazar, matabais”. Una frase dura, incómoda, pero que resume el choque frontal entre el presente que quiere proyectar Otegi y Bildu y el pasado que sigue pesando. Hay algo casi irónico, y para algunos indignante, en ver a quien formó parte de ETA que señalaba a fuerzas de seguridad acudir ahora a esas mismas fuerzas en busca de protección.

La Ertzaintza fue durante años objetivo de atentados y campañas de acoso por parte del mundo del que Otegi formó parte. Ese giro no es menor y tampoco pasa desapercibido. El problema no es que el líder de Bildu denuncie amenazas, está en su derecho y es lo que debe hacer cualquier ciudadano. El problema es la percepción de una indignación selectiva del exmiembro de ETA, de una memoria que parece activarse solo cuando conviene, de ahora rasgarse las vestiduras por unas amenazas cuando sus antiguos colegas las practicaban a diario y muchas veces con resultado de muerte.

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