Dolores Vázquez, del linchamiento mediático al reconocimiento: la herida abierta del caso Wanninkhof
El Ejecutivo reconoce públicamente a Dolores Vázquez, coincidiendo con el Día de la Visibilidad Lésbica, en un acto que busca saldar una deuda histórica tras su injusta condena por el crimen de Rocío Wanninkhof.

Dolores Vázquez
Dolores Vázquez Mosquera llevaba una vida discreta en Betanzos hasta que su nombre quedó irremediablemente ligado al caso Wanninkhof, uno de los episodios más controvertidos de la Justicia española reciente. Sin antecedentes y con una rutina estable, su perfil encajaba poco con el de una asesina, pero eso no impidió que se convirtiera en el centro de todas las miradas.
La desaparición de Rocío Wanninkhof en octubre de 1999 en Mijas desató una oleada de conmoción social amplificada por el recuerdo aún reciente del caso Alcàsser.
En medio de la presión mediática y la falta de pruebas concluyentes, la investigación se centró rápidamente en Vázquez, expareja de la madre de la joven, Alicia Hornos.
Su detención en septiembre de 2000 marcó el inicio de un proceso plagado de sombras. A pesar de la debilidad de las evidencias, un jurado popular la declaró culpable y fue condenada a 15 años de prisión. Permaneció encarcelada durante 519 días, muchos de ellos en aislamiento en la prisión de Alhaurín el Grande, en condiciones que deterioraron gravemente su salud mental.
Durante ese tiempo, su imagen fue expuesta sin descanso en los medios, consolidando una percepción de culpabilidad antes incluso de que existieran pruebas sólidas. La llamada “pena de telediario” hizo el resto. Diversos análisis posteriores apuntan a que su carácter reservado y su orientación sexual influyeron en la construcción del relato mediático, en una época con escasa visibilidad lésbica y mayor presencia de prejuicios.
El punto de inflexión llegó en 2003 con el asesinato de Sonia Carabantes en Coín. Las pruebas de ADN permitieron identificar al verdadero culpable: Tony King, un ciudadano británico con antecedentes por agresiones sexuales. La coincidencia genética con una colilla hallada en el caso Wanninkhof confirmó su autoría en ambos crímenes y desmontó definitivamente la acusación contra Vázquez.
Exonerada tras su salida de prisión en 2002, Vázquez intentó rehacer su vida lejos de España, trasladándose al Reino Unido en condiciones precarias. Años después regresó a su Galicia natal, donde reside actualmente con un perfil bajo. Sin embargo, las secuelas del caso han sido profundas: dificultades laborales, pérdidas económicas y una reputación marcada durante años por una condena injusta.
A día de hoy, sigue sin recibir indemnización efectiva por parte del Estado, pese a que se estimó en torno a 120.000 euros. Más allá del aspecto económico, ha reclamado en diversas ocasiones algo más simbólico: una disculpa oficial que reconozca el daño causado.
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En los últimos años, su figura ha comenzado a ser revisada y reivindicada. En 2025 fue reconocida en Betanzos y este lunes recibirá la medalla a la promoción de los valores de igualdad por parte del Ministerio de Igualdad, en un acto presidido por la ministra Ana Redondo con motivo del Día Internacional de la Visibilidad Lésbica.
Su historia también ha sido revisitada en el documental El caso Wanninkhof Carabantes, dirigido por Tània Balló, donde rompió su silencio tras más de dos décadas para denunciar el juicio paralelo al que fue sometida.