Begoña Gómez causa un cisma en Interior: sanción a sus escoltas por 'reírse' con Vito Quiles
El ministro Marlaska ha tomado cartas en el asunto tras la denuncia de la esposa de Pedro Sánchez en su encuentro con el incómodo periodista, que para ella pudo evitarse

Begoña Gómez en la alfombra roja de la 40º edición de los Premios Goya.
La escena ocurrida en un restaurante de Las Rozas con el periodista Vito Quiles y Begoña Gómez ha dejado mucha más metralla política de la que el Gobierno esperaba. Lo que oficialmente se presentó como un episodio de “acoso” y “hostigamiento” ha terminado convirtiéndose, según distintas fuentes conocedoras del caso, en una crisis soterrada dentro del Ministerio del Interior que afecta directamente al dispositivo de seguridad de la mujer del presidente.
Porque el dato verdaderamente explosivo no es sólo que Interior haya decidido apartar o castigar a varios agentes encargados de la escolta de Gómez tras el incidente. Lo relevante, lo que ha encendido todas las alarmas en determinados mandos policiales, es que ESdiario ha podido saber que fue la propia Begoña Gómez quien trasladó su malestar al ministro Fernando Grande-Marlaska al considerar que sus escoltas no reaccionaron con la contundencia que ella esperaba ante la presencia de Quiles.
En otras palabras: la esposa del presidente interpretó que parte del equipo de seguridad se tomó casi a broma la amenaza que, a su juicio, representan las preguntas incómodas del periodista.
La información publicada por The Objective apunta a que Interior tomó medidas contra los agentes después de aquel episodio en el que Quiles abordó a Gómez mientras le preguntaba por las investigaciones judiciales que la rodean. Según ese medio, la mujer de Sánchez había pedido previamente a sus escoltas que mantuvieran cierta distancia porque iba a mantener una reunión privada.
Sin embargo, tras el altercado, la percepción en Moncloa cambió radicalmente.
Fuentes conocedoras de las conversaciones internas aseguran que Begoña Gómez trasladó a Marlaska una profunda indignación por lo ocurrido. Considera que hubo relajación en el operativo y que algunos miembros de la escolta minusvaloraron el nivel de presión que sufre desde hace meses a raíz de los procedimientos judiciales, las comparecencias y el seguimiento mediático permanente.
La clave está en cómo interpreta el entorno presidencial la figura de Vito Quiles. Mientras desde sectores periodísticos y de la oposición se insiste en que el reportero formula preguntas incómodas pero legítimas, en el núcleo duro del sanchismo se le considera directamente un activista de “acoso político”.
Porque varios agentes habrían entendido inicialmente que la situación no revestía un peligro físico real. Según fuentes policiales consultadas por ESdiario, algunos escoltas consideraron que se trataba de una escena incómoda y mediática, pero no de una amenaza de seguridad. Ese supuesto análisis habría irritado profundamente a Gómez.
La consecuencia fue inmediata: llamadas, quejas y una exigencia de revisar el funcionamiento del dispositivo.
En Interior nadie quiere hablar oficialmente del asunto. Pero en determinados sectores policiales empieza a crecer el malestar por la sensación de que se está utilizando a los agentes como cortafuegos político de una situación extremadamente sensible para Moncloa. La impresión que trasladan algunas fuentes es demoledora: “se les responsabiliza de no haber evitado algo que en realidad era un problema político y mediático”.
El episodio además llega en el peor momento posible para el Gobierno. La figura de Begoña Gómez continúa bajo una presión judicial y pública extraordinaria, mientras el Ejecutivo mantiene una estrategia de victimización política frente a lo que denomina una “campaña de persecución”.
La propia denuncia presentada por Gómez tras el incidente elevó todavía más la tensión. El Gobierno habló de “agresión”, “intimidación” y “acoso”, mientras Quiles difundía vídeos defendiendo que simplemente estaba ejerciendo su labor periodística.
Lo que ahora emerge es la intrahistoria de aquella crisis.
Y esa intrahistoria conduce directamente al despacho de Marlaska.
Porque, según las fuentes consultadas por ESdiario, la decisión de señalar a los escoltas no nace exclusivamente de un protocolo técnico ni de un informe interno rutinario. Nace, sobre todo, del enfado personal de Begoña Gómez y de la convicción de Moncloa de que las preguntas de Quiles representan una amenaza política y personal.
Una lectura que en ámbitos policiales se recibe con enorme inquietud. Temen que se esté abriendo una peligrosa deriva en la que la frontera entre protección institucional y blindaje político desaparezca.
ESdiario TV
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Alba Molina López